Teilhard de Chardin

Pierre nació en Francia en 1881. Alumno de los jesuitas entró en la Compañía de Jesús el año 1899. Doctor en ciencias fue profesor de Geología en el Instituto Católico de Paris. Se le dio la misión y fue subvencionado por el Muséum para una expedición de excavaciones en la China Central. Vivió alternativamente en China y en Francia. Trabajó activamente en el descubrimiento del primer sinántropo, el hombre fósil de China. Asia le consumió el tercio de su vida.. En 1951 viajó a África del Sur, subvencionado por una fundación americana para la investigación antropológica. A partir de 1951 fija su residencia en Nueva York donde se le confía una segunda misión en África del sur. Muere en Nueva York el 10 de abril de 1955 precisamente el Domingo de Resurrección.
Fue un gran viajero sobre la tierra. A partir de 1923 rodeó al planeta varias veces con sus largos viajes por mar, de un continente a otro, a donde le llamaba su insaciable curiosidad. De corazón y de pensamiento era un ciudadano del universo, se sentía en casa en todas partes, porque estaba en Dios en todas partes. Aunque tuvo que pasar gran parte de su tiempo en el laboratorio, tocar y pisar la tierra madre siempre le rejuvenecía .Siempre estaba disponible dispuesto a salir. Hombre de aventuras y de investigación, siempre anheló llegar a los extremos del mundo para alcanzar nuevas visiones de globalidad. Los viajes le gustaban; para él fue una necesidad el airearse física e intelectualmente. Si aquí o allí había algo o alguien a quien ver era preciso ponerse en camino. Dios le guió por los acontecimientos que fueron los mentores principales de su vida activa.
Tenía el instinto y la iniciativa del explorador, que le llevaron a la realización de descubrimientos de gran alcance. No le faltó resistencia física ni intrepidez, ardor y constancia del explorador para buscar incansablemente los secretos de la tierra. Estaba convencido de que el internacionalismo de la ciencia era una de las conquistas del espíritu. La medida del hombre y su puesto efectivo en la Naturaleza fue el gran problema que Pierre se planteó durante toda su vida. Consideró el ser humano en toda su amplitud situándolo en la noosfera, la esfera del espíritu, capa pensante de la tierra, tal como la biosfera es la capa de la vida. En el seno del devenir universal como evolución, vio al ser humano como heredero de las riquezas de un pasado insondable, promovido a la dignidad única del saber y de saber que sabe.
Unió su pensar rigurosamente científico, con un espíritu filosófico de gran originalidad y un temperamento místico para quien la búsqueda de Dios a través de la obra divina fue la más ardiente de sus pasiones. Como explorador, junto con sus cajas de fósiles y las notas destinadas a sus memorias científicas, llevaba un botín invisible. Horas de recogimiento y de retiro, largas cabalgadas por el desierto, lentas travesías marítimas serán la base de sus admirables poemas místicos: “La misa sobre el mundo” i “El Medio Divino”. “No tengo más ambición, decía, sino dejar la huella de una vida lógica, tensa hacia las grandes esperanzas del mundo. En esto está el futuro de la vida religiosa de la humanidad” La lógica de la vida y de la existencia era el motor de su vida: la lógica del creador. No tuvo otra ambición que formar parte de los cimientos del futuro. Vendrá el momento, creía, que el mundo recuperaría su alma, mediante una “Iglesia conquistadora y plenamente humana”
Tuvo sus conflictos dentro de la Iglesia, luchó como todos los grandes entre su misión y su sumisión y resolvió su problema mediante su sacrificio personal. Siempre creyó firmemente que su mensaje se mantenía en el “eje de la verdad” y en este sentido es interesante no olvidar lo que escribió la víspera de su muerte “Basta que la verdad aparezca una sola vez en un solo espíritu para que ya nada pueda impedirla”
Su vida llena de complejidades y contrastes siempre fueron encauzados por una fuerte disciplina moral y religiosa, pero sin rigideces. Había en él una extremada capacidad de acogida y llegar a él era fácil. Fue un gran amigo para todos y su clarividencia sobre las personas y sus antenas hacia ellas le hacían descubrir más fácilmente en los demás sus cosas buenas antes que las malas
Sus amigos americanos le llamaban el fine gentleman -alto, gesto enérgico y fino, mirada directa y penetrante, reservado pero “infinitamente abordable”.No rechaza ni intimida a nadie y al que se le puede decir absolutamente todo. Taciturno, a veces, cuando le aburre la compañía, se anima cuando la conversación le interesa y resulta un conversador “brillante”. Poseía el don de decir y de decirse con sencillez, a fuerza de sinceridad y de inquebrantable decisión cuando aborda los temas que son de su alma. Siempre estaba dispuesto tanto a maravillarse de una flor nueva o de una gacela corriendo en la estepa como contemplar los grandes aspectos de la tierra, cuya faz amó siempre apasionadamente.

4 comentarios:

Holle Frank dijo...

El amplio horizonte espiritual que representan estos nombres, p.e. Teilhard de Chardin o Simone Weil es un gran beneficio por cada persona que se ocupa con el sentido de nuestra vida. Muchas gracias!!!

Holle Frank dijo...

Es un gran beneficio de publicar aquellos representantes de un espirito tan amplio como lo de Teilhard de Chardin, Tarkowsky, Simone Weil.

Holle Frank dijo...

Gracias por alquel sitio con representantes de un esperito amplio y profundo

William J. Hoye dijo...

This is a very impressive list, giving me great expectations.
William J. Hoye