Teresa de Calcuta


Ganxhe Bojaxhiu.
La vida de Teresa de Calcuta comenzó en el seno de una familia católica albanesa. Fue dentro de la familia, y sobre todo gracias a la intensa religiosidad de su madre, Drana, que en ella se despertó, a sus sólo 12 años, la vocación a la vida religiosa.
Ganxhe nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, capital de Macedonia, Tuvo dos hermanos mayores Age y Lázaro con quienes se llevó siempre muy bien. Como relata Lázaro que murió en 1981, “a nuestra familia no le faltaba nada porque mi padre tenía un negocio de materiales de construcción, en sociedad con un italiano, y poseía dos casas con jardín”. pero la desgracia terminó con la prosperidad familiar. El socio italiano liquidó la sociedad y la madre de Teresa debió asumir los gastos de su familia. Mientras que la madre de Ganxhe afrontaba con dignidad el intenso trabajo para sobrevivir, su religiosidad se intensificó.
Drana asistía con sus hijos al santuario mariano de la Virgen de Letnice. Ahí notó que a la más pequeña -Teresa- le gustaba quedarse sola durante los oficios religiosos. Como vivían al lado de la parroquia del Sagrado Corazón, participaban diariamente de la actividad de la iglesia. También se dio cuenta que Ganxhe prefería permanecer durante horas, en silencio.
El párroco descubrió que a Ganxhe le gustaba mucho leer las historias de los misioneros, un género literario-religioso entonces cultivado. Además era asidua lectora de las crónicas que dos entusiasmados jesuitas de Skopje enviaban para contar acerca de su trabajo misionero en la India. “No había cumplido aún 12 años cuando sentí el deseo de ser misionera”, contó más tarde la Madre Teresa.
En efecto, aún niña, Ganxhe entró a la Congregación Mariana de las Hijas de María, que tenía una filial en su parroquia. Los más pobres acudían a la iglesia y también a la casa de Drana donde curiosamente “nuestra madre nunca los mandaba de vuelta con las manos vacías”, contó Lázaro. Ganxhe sentía que su vocación crecía junto con la actividad de asistencia. “A los pies de la Virgen de Letnice, escuché un día la llamada Divina que me convencía de servir a Dios”, dijo muchos años después la Madre Teresa quien confesó descubrir la intensidad del llamado gracias “a una gran alegría interior”.
Cuando cumplió 18 años, el llamado a la vocación religiosa se hizo irresistible para Ganxhe y el 25 de septiembre de 1928 partió para siempre de Skopie rumbo a Rathfarnham, en Irlanda, donde se encontraba la casa general del Instituto de la Beata Virgen María.
Ganxhe quería ser misionera en la India y un jesuita le había informado que en el Estado de Bengala las monjas de esa congregación hacían una labor excelente. Tras un largo viaje la futura religiosa llegó a la casa de las Damas Irlandesas o Hermanas de Nuestra Señora de Loreto. La acogida fue afectuosa y la estadía en Rathfarnham fue sólo momentánea ya que embarcó rumbo a Bengala. Luego de 37 días en alta mar llegó el 6 de enero 1929. Tras su desembarco en 1929 en Calcuta, la novicia adolescente tomó otros 51 días de viaje para arribar a Darjeeling, donde estaba el convento de la orden fundada por la misionera Mary Ward.
Durante seis años confirmó tres veces sus votos de profesión, hasta que el 24 de mayo de 1937, en la fiesta de María Auxiliadora y en la Casa de Loreto donde residía, Teresa Bojaxhiu profesó en forma perpetua su vocación de religiosa. Pronto, su labor se multiplicó y comenzó a enseñar también en el colegio Entally, de su congregación, donde iban chicas pobres. Sin embargo ya se vislumbraba su llamado concreto cuando la religiosa empezó a dedicarse a las “Hijas de Santa Ana”. Esta era una rama de las monjas de Loreto integrada por hermanas indias de Bengala, que cumplían con la regla jesuítica impuesta por la fundadora Mary Ward.
Las Hijas de Santa Ana vivían con las usanzas bengalíes y sin duda inspiraron mucho a Teresa en su proyecto posterior de dar vida a las Misioneras de la Caridad. Vestían el sari indio tejido en algodón pobre. Comían sentadas sobre la tierra, como en las aldeas de donde provenían, comían con las manos de acuerdo al estilo campesino. Rezaban y meditaban en la capilla sentadas o arrodilladas sobre esterillas.
El momento crucial para su vida que la convertiría en la Madre Teresa de Calcuta, se produjo de improviso. Ella misma nos lo cuenta: “Ocurrió el 10 de setiembre de 1946, durante el viaje en tren que me llevaba al convento de Darjeeling para hacer los ejercicios espirituales. Mientras rezaba en silencio a nuestro Señor, advertí una llamada dentro de la llamada. El mensaje era muy claro: debía dejar el convento de Loreto (en Calcuta) y entregarme al servicio de los pobres, viviendo entre ellos”.
Aquella visión, que Teresa consideró de inspiración sobrenatural, fue una iluminación interior que presentó de inmediato una enorme complicación: cómo llevarla a cabo. Faltaban aún dos años, pero se iniciaba ya para la hermana Teresa el tránsito final hacia su nueva, definitiva, vida: la de Madre Teresa de Calcuta.
Recibió el permiso desde la Santa sede y tremendamente activa empezó por llevar a los moribundos de las calles a un hogar donde ellos pudieron morir en paz y dignidad. También abrió un orfanato. Gradualmente, otras mujeres se le unieron de modo que, en 1950 recibió la aprobación oficial para fundar una congregación de religiosas, las Misioneras de la Caridad, que se dedicarían a servir a los más pobres entre los pobres.
La religiosa encontró inmediatamente multitud de seguidores y cuando el 7 de octubre de 1950 el Papa Pío XII reconoció a la congregación, la institución de la Madre Teresa contaba con cientos de miembros en todo el mundo. Todas las naciones le abrieron sus puertas incluyendo China, Cuba y la Ex Unión Soviética.
La Madre Teresa recibió en 1972 el premio de la Fundación Kennedy y en 1978 el entonces presidente de la República de Italia, Sandro Pertini, le entregó el premio Balzan. El Premio Nobel de la Paz llegó en 1979. La Madre Teresa lo aceptó con la misma humildad con la que siempre recibió los múltiples homenajes que se le concedieron y destinó a sus pobres los casi 12,000 dólares del galardón.
En 1974, Pablo VI la visitó personalmente a la India y, doce años más tarde recibió a Juan Pablo II quien incluyó en el programa del viaje una visita a la “Nirmal Hidray”, la “Casa del corazón puro” fundada por la religiosa, más conocida en Calcuta como “la Casa del moribundo”.
En los funerales de la Madre Teresa de Calcuta el Cardenal Sodano dijo: La Madre Teresa de Calcuta comprendió plenamente el Evangelio del amor. Lo comprendió con cada fibra de su espíritu indomable y con toda la energía de su frágil cuerpo. Lo practicó con todo su corazón y con el cansancio cotidiano de sus manos. Superando las fronteras de las diferencias religiosas, culturales y étnicas, enseñó al mundo esta gran lección.
Una vez dijo «Mientras ustedes continúan discutiendo sobre las causas y los motivos de la pobreza, yo me arrodillaré ante los más pobres de los pobres y me preocuparé de sus necesidades». A los mendigos, a los leprosos, a las víctimas del SIDA no les hacen falta grandes debates y teorías, lo que necesitan es amor. Quienes tienen hambre no pueden esperar que el resto del mundo encuentre la solución perfecta, necesitan solidaridad concreta.
En el silencio, en la contemplación y en la adoración ante el Tabernáculo aprendió a ver el auténtico rostro de Dios en cada ser humano que sufre.
La Madre Teresa de Calcuta, dijo, ha encendido una llama de amor que tenéis que mantener encendida. El mundo tiene gran necesidad de la luz y del calor de esa llama. El homenaje que tributamos a la memoria de esta humilde religiosa, a quien su amor por la India y por la ciudad de Calcuta no le ha impedido convertirse en ciudadana del mundo, será vano si nosotros -creyentes y hombres y mujeres de buena voluntad de todas las partes del mundo- no continuamos su labor donde ella se ha detenido. Los pobres están todavía entre nosotros.
Sólo cuando aprendamos a ver a los demás como a nuestros hermanos y hermanas amados, independientemente de lo diferente y lejanos que sean, la humanidad aprenderá las sendas de la paz y de que “Hay mayor felicidad en dar que en recibir”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Os recomiendo que leais el libro sobre la vida de Teresa de Jesus "Ven, sé mi luz". En España está publicado por Editorial Planeta. He leido este libro y me ha sorprendido la humildad y a la vez la grandeza de una persona que no puede ser más que santa.