Walter Benjamin


Walter Benjamin nace el 15 de Julio de 1892, en Berlín. Veinte años después, inicia estudios de Filosofía en su ciudad natal y en Friburgo. Luego se traslada a la Universidad de Berna, Suiza, donde en 1918 obtiene la licenciatura en Filosofía con su tesis El concepto de la crítica de arte en el Romanticismo alemán. Cinco años más tarde, traduce las Tableaux parisiens, de Charles Baudelaire y, tras publicar su conocido trabajo sobre Las afinidades electivas de Goethe, fracasa en su intento de ingresar en la Universidad de Frankfurt mediante su tesis Sobre los orígenes del drama barroco alemán. En 1927 comienza a traducir a Marcel Proust; en 1930, publica artículos de crítica literaria sobre Brecht, Gide, Kafka, Valery y Karl Krauss. Frente a la subida de los nazis al poder, en 1933, Benjamin, que ya no cuenta con ningún tipo de apoyo económico, se exilia en Paris primero, en Dinamarca después en casa de su amigo Bertoldt Brecht y posteriormente en Italia. Allí es visitado por su discípulo Adorno, cuyas relaciones no pasan por un buen momento; no obstante, es invitado a establecerse en los Estados Unidos. En junio de 1940, ante el avance de los nazis, abandona París, y en septiembre, habiendo ya obtenido un visado para trasladarse a Estados Unidos, intenta cruzar la frontera a pie por los Pirineos. Ante la imposibilidad de lograrlo, se suicida en Portbou en la noche del 26 de Septiembre.

Relevancia

Walter Benjamin, a tenor de su biografía antedicha, podría pasar como un crítico cultural, ensayista y traductor. Sin embargo, su labor a todas luces más destacable la debemos rastrear en Filosofía, y más concretamente, en sus aportaciones filosóficas, fragmentarias y esbozadas, entorno a multitud de temas tan diversos como: Estética, Política e Historia. De hecho, nos hallamos ante unos materiales notables dentro de la Filosofía del arte: "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica", "Pequeña historia de la Fotografía"; dentro de la Filosofía política: "La obra de los pasajes", "Las tesis sobre el concepto de Historia" y el "Fragmento teológico-político" y, finalmente, sobre filosofía de la historia: "Tesis sobre el concepto de Historia" y el "Fragmento teológico-político".

Obra

El carácter fragmentario y ensayístico de la obra de Benjamin dificulta su integración en un supuesto corpus benjaminiano cerrado y bien constituido; en contrapartida, su obra goza de una especial prolijidad en sugerencia y apertura interpretativa. Destacan los textos antedichos, así como otros ensayos y proyectos inconclusos de mayor envergadura. Entre estos, cabe recurrir como fuente fundamental a la Obra de los pasajes; aunque muchas de sus reflexiones más importantes e imperecederas se encuentran esparcidas en artículos y textos breves. Tal disposición, como hemos dicho, permite una apertura hermenéutica multidisciplinar trascendiendo los ámbitos particulares de sentido, siendo así posible y deseable la traslación de múltiples intuiciones de un ámbito a otro. Esta posibilidad, intrínseca de la obra de Benjamin, la convierte en fértil para una reflexión compleja; aún siendo significativamente hermética por su propia naturaleza.

Filosofía de la Historia

Quizás uno de los ámbitos en que Benjamin demostró una mayor originalidad y brillantez fue la Filosofía de la Historia. Para estudiar su particular concepción de la Filosofía de la Historia es importante destacar un elemento y recordar otro.

El primero consiste en apercibirse que dentro de lo que hemos llamado nominalmente "Filosofía de la Historia", aparecen dos textos de innegable impronta teológica: "Las tesis sobre el concepto de historia" y el "Fragmento teológico-político" que además hemos circunscrito al ámbito de la Filosofía política. Tal hecho no es casual, y su importancia es decisiva a la hora de entender a Benjamin. En otras palabras, Benjamin comprende simultáneamente la misión política y la misión religiosa. Igualmente, la mención de la tarea de Benjamin bajo el concepto de "misión" tampoco es casual; hace referencia a su origen judío; pueblo que entiende su lugar en el mundo como misión explicita de Dios. Así, Benjamin tiene como misión aclarar no sólo la dimensión política y la dimensión religiosa, por separado, sino su particular ligazón en tanto destino de la humanidad; puesto que en élla reside la esperanza mesiánica.

El segundo es recordar en que momento histórico le tocó, desgraciadamente, vivir a Benjamin. Hablamos del ascenso del fascismo y de su consiguiente persecución en tanto que judío. Este hecho es importante a la hora de entender parte de la incógnita que supone la afiliación marxista de Benjamin. Benjamin fue marxista entre otras razones más profundas, por contexto político y por convicciones socialistas. Este punto lo desarrollaremos más en el próximo apartado.

Ahora nos ocupa centrar el diálogo en la Filosofía de la Historia de Benjamin; tal concepción está regida por una idea central: "Detención de la historia como historia de la Barbarie". Advertimos que la complejidad de interpretación del significado de las tesis benjaminianos nos obliga a presentar la siguiente interpretación, como bosquejo introductorio. La historia para Benjamin es el transcurrir ininterrumpido de una catástrofe tras otra. El progreso no ha hecho, según este autor, sino ahondar en un proceso de nihilización creciente. La tarea de la Humanidad ante semejante perspectiva es procurar detener la historia para permitir el "frágil relámpago" de la fuerza mesiánica. Es un orden que no nos está concedido directamente, lo histórico no tiene una dimensión escatológica por sí misma; tan sólo propiciatoria. El permitir ese relámpago es abrir la esperanza para que los justos puedan cobrar justicia, así, ni los muertos estarán definitivamente enterrados. Si no es posible tal detención, sólo ahondando paradójicamente en lo profano que se aleja de lo sagrado habrá posibilidad de la llegada mesiánica misma, pese que esto suponga la consumación absoluta de la nihilización.

Entre marxismo y teología

Lo anterior nos ha dado pistas suficientes para aportar una solución a la paradójica adscripción del Benjamin maduro al Marxismo. Benjamin en su juventud cultivó ideas metafísicas que se atestiguan en el temprano "Fragmento teológico-político", su madurez viene marcada políticamente por el auge intelectual del socialismo y así hace eco sus planteamientos maduros en la "Obra de los pasajes" de una reflexión heterodoxa marxista. Heterodoxa por sus orígenes metafísicos y por sus convicciones religiosas. Así, nada debe extrañar que en su obra postrera "Las Tesis sobre el concepto de Historia" haga gala de un insospechado hermetismo místico y teológico ínsito en reflexiones de abolengo marxista. Puesto que, Benjamin cree en la necesidad vital de militar políticamente en una supuesta opción que permita una posibilidad de alternativa en tiempos de una socialdemocracia que camina amenazante hacia al fascismo. Pero está necesidad vital no tiene génesis propiamente política, sino religiosa y filosófica. En este sentido, Marxismo y Teología se encuentra en un cruce inaudito: la necesidad de la venida inminente del Mesías como destino esencial de la Historia.

Fragmento de Walter Benjamin

Un Fragmento especialmente relevante e ilustrativo de la obra de Benjamin, y de nuestra particular interpretación de la misma, es la Tesis IX de las Tesis sobre el Concepto de Historia. En élla aparece, una figura de carácter religioso que se ha hecho célebre y paradigmática del pensamiento benjaminiano

"El Ángel de la Historia", cuya interpretación y esclarecimiento continúa ocupando a los filósofos desde entonces. "Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus novus. En él está representado un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que mira atónitamente. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, abierta su boca, las alas tendidas. El ángel de la historia ha de tener ese aspecto. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. En lo que a nosotros nos aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una sola catástrofe, que incesantemente apila ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. Bien quisiera demorarse, despertar a los muertos y volver a juntar lo destrozado. Pero una tempestad sopla desde el Paraíso, que se ha enredado en sus alas y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al que vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Esta tempestad es lo que llamamos progreso"

Introducción presentada por Diego López Sabaté

1 comentario:

GABRIEL dijo...

Excelente post!
Sin duda un excelente Filósofo.

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saludos!