Tomás Müntzer


Tomás Müntzer, una figura tan trágica como brillante, fue una extraña mezcla de Juan de Patmos y don Quixote de la Mancha. Como Juan de Patmos, Müntzer pensaba apocalípticamente y soñaba con el Reino de Dios sobre la tierra. Como don Quixote de la Mancha, tenía la cabeza llena de visiones pero le faltaba el pragmatismo y los cálculos realistas de un Sancho Panza. Con todo, fue uno de los líderes más brillantes de su tiempo y quizá el más osadamente consecuente con sus convicciones cristianas.

Müntzer tiene mucho que decir a los cristianos latinoamericanos de hoy, tanto por sus aciertos como por sus errores. Fue un carismático, pero no hizo del carismatismo una evasión de la realidad sino (al estilo de los profetas hebreos) una lucha por la justicia. Fue un apocalíptico, pero no relegó la profecía a un futuro extra-histórico sino halló en ella las exigencias de un compromiso dentro de su propio tiempo, confiando en el Dios soberano y eterno. En puntos importantes Müntzer fue precursor de la actual teología latinoamericana: la teología contextualizada, la opción por los pobres y la praxis revolucionaria, para nombrar algunos aspectos. En otros puntos, sin duda, constituye un ejemplo negativo de cuyas equivocaciones debemos también aprender.

Tomás Müntzer nació en Stolberg, Alemania, ca. 1490. Fue ordenado sacerdote y recibió una sólida formación teológica. Aprendió hebreo y griego y leía ampliamente en Biblia, patrística, escolástica, los ascéticos y los místicos, especialmente Joaquín de Fiore. Conoció a Martín Lutero cuando éste debatió con Eck en Leipzig (1519). Müntzer se unió al movimiento de Reforma y Lutero le envió de pastor a Zwickau, ciudad textil donde vivió un doble descubrimiento: descubrió al mundo de los oprimidos y conoció a los “profetas de Zwickau”. En Zwickau nació tanto su opción por los pobres como su fe carismática. Fue expulsado de la ciudad el 15 de abril de 1521.

En junio de 1521 llegó a Praga, donde escandalizó a los luteranos con su prédica fogosa y publicó su “Manifiesto de Praga” (noviembre 1521). Salió de Checoslovakia en 1522 y eventualmente asumió labores pastorales en Allstedt, Identificándose con los campesinos de la zona, publicó su “Protestación…sobre la verdadera fe cristi-ana” “Sobre la Fe Simulada” y “Sermón ante los Príncipes” . Fue expulsado de Allstedt y huyó a Mühlhausen, de donde también fue expulsado . En este período publicó su “Denunciación de la fe errada” “Manifiesto a los Mineros” . Dirigió a los campesinos en su abortiva insurrección de mayo 1525; fue capturado y ejecutado en Frankenhausen (Turingia), el día 15 de mayo de 1525.

Todas estas características hacen de Müntzer un teólogo de extraordinario interés para los cristianos latinoamericanos. En esta charla señalaremos algunos aspectos pertinentes de la vida, teología y lucha de este “teólogo de la revolución” (Bloch).

Comprometido

La misma biografía de Müntzer indica claramente que su creciente compromiso con los oprimidos nació de su labor pastoral entre ellos. Aunque algunos aspectos de su formación católica (e.g. su lectura de Joaquín de Fiore) pueden haberle preparado para su encuentro pastoral con los pobres. El mismo Lutero se alarmó muy pronto por la radicalización de su colega, y debe de haberse arrepentido mil veces de haberlo nombrado pastor entre los pañeros y mineros de Zwickau.

Tomás Müntzer fue a Zwickau en mayo de 1520 para reemplazar temporalmente al pastor erasmiano, Juan Egranus, en la próspera parroquia de Santa María. Pronto su versión del pensamiento reformado, con drásticas denuncias sociales, atrajo a multitudes de oyentes — y a vehementes denuncias contra él por las autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad. Al volver Egranus en octubre, Müntzer fue trasladado a la pequeña y pobre iglesia de Santa Catalina, donde se congregaban los obreros más paupérrimos de Zwickau. Con esta nueva experiencia pastoral, se radicalizaron todavía más la teología y la predicación de Müntzer . Después de un intervalo de reflexión en Praga, su labor pastoral con los campesinos de Allstedt galvanizó sus convicciones políticas y lo llevó a unirse al movimiento revolucionario de la guerra campesina.

A partir de su acción pastoral (primero entre la clase obrera urbana, después entre los mineros y finalmente los campesinos) Müntzer descubrió a los pobres como pueblo de Dios y sujeto de la historia. En las palabras elocuentes de Hugo Echegaray,

Dejando de lado libros y tormentos mentales, así como su pretensión a convertirse en director de conciencia de los príncipes de Sajonia, Müntzer descubrió a los pobres y analfabetos como los agentes del futuro reino. En Müntzer se delineará una visión ennoblecida de la humanidad de los pobres, ellos que la han pasado mal, que han sufrido, que no viven de la avaricia, ni para la lujuria y porque desprecian los bienes de este mundo, son los que preparan un nuevo mundo.

A Müntzer le disgustaba mucho la costumbre de Lutero de dedicar sus escritos, con elogios obsequiosos, a los príncipes alemanes. En un claro rechazo de los príncipes y los poderosos, Müntzer dedicó su “Apología” (1524) “al serenísimo príncipe y todopoderoso Señor Jesucristo, bondadoso rey de todos los reyes, valeroso duque de todos los creyentes, misericordioso Señor y fiel protector mío, así como de su afligida esposa única, la iglesia de los pobres”

Contextual

Los diferentes actores religiosos del siglo XVI respondieron de diversas maneras a las transformaciones socio-económicas y políticas de su época. En orden ideológico de “conservador” hasta “radical”, podemos clasificarlos como sigue: (1) la Iglesia Católica se aferró básicamente al pasado medieval y al Santo Imperio Romano; (2) Lutero se alió con el emergente nacionalismo europeo y así con los príncipes alemanes; (3) Calvino, más avanzado, se identificó esencialmente con las crecientes ciudades comerciales y pre-industriales y así con la incipiente burguesía; (4) la Reforma Radical, adelantándose a su tiempo, tendía a rechazar de raíz el statu quo religioso y social y unirse a los más pobres (proletariado en formación). Müntzer realizó este compromiso de forma violenta, Menno Simons de forma no-violenta. Pero en principio ambos se unieron a la creciente marea de protestas obreras y reclamos populares.

Mucho más explícitamente que Lutero o Calvino, Müntzer reconocía que su interpretación bíblica y sus enfoques teológicos correspondían a sus presupuestos ideológicos, o sea, su opción por los pobres. En contraste con el estilo genérico y abstracto de la Reforma clásica, Müntzer teologizaba dentro de una concreción histórica y no encubría sus propias posturas socio-políticas. En contraste, cuestionaba fuertemente “la fe simulada” de Lutero, intentando desenmascararla y exponer sus presupuestos ideológicos. En ese aspecto, Müntzer puede considerarse un precursor de la Sociología del Conocimiento.

Cuando Müntzer interpreta un pasaje bíblico, lo relaciona directa y osadamente con la realidad alemana de su tiempo. Utiliza el método de la relectura contextual, muy comentado hoy en la hermenéutica latinoamericana. Por ejemplo, en su famoso sermón ante los príncipes (13 de julio, 1524), Müntzer sitúa la realidad alemana del siglo XVI dentro del marco de referencia bíblico del libro de Daniel. Este texto le provee una interpretación de la historia universal con la cual invoca a los príncipes (el infante Juan y su sobrino, el duque Juan) a ejecutar justicia y ejercer su poder en defensa de los pobres.

Los príncipes, sin embargo, no escuchaban las exhortaciones de Müntzer . Por eso, en su “Denunciación”, Müntzer hace de las promesas y esperanzas del Magnificat un poderoso instrumento de concientización popular contra ellos. La “Denunciación”, según Ernst Bloch, “mezcla lo político con lo meta político, ocupando el milenarismo el centro de interés de manera inamovible.”

No hay duda de que exageró frecuentemente los contenidos revolucionarios de los pasajes bíblicos, y algunas contadas veces los tergiversa para introducir significados ajenos al texto sagrado. Sin embargo, su exégesis una y otra vez ilumina el mensaje bíblico con perspectivas que los bloqueos ideológicos de Lutero y Calvino se les ocultaban, además de que ellos también de cuando en cuando distorsionaban las Escrituras.

Lo importante en la hermenéutica de Müntzer fue su determinación implacable de leer la Biblia desde la realidad de los pobres y en medio de la lucha a favor de los oprimidos. Como suele decir Fernando Cardenal, ex ministro de educación nicaragüense, “la iglesia se ha equivocado también en el pasado, casi siempre a favor de los privilegiados y los poderosos; si vamos a equivocarnos ahora, ¡qué sea a favor de los pobres!”

Por ese mismo compromiso, la hermenéutica de Müntzer fue consecuentemente praxeológica. Reflexionaba sobre la acción de Dios en el pasado, para percibir la acción de Dios hoy y orientar la nuestra como colaboradores con Dios. “La fe no consiste sino en que el Verbo se hace carne en nosotros y Cristo nace en nosotros”. Ernst Bloch no exagera mucho cuando opina que en todos los escritos de Müntzer “no figura ni un solo pasaje en el que se hubiera hecho uso de las Escrituras para cosa que no fuera subsanar los males más inmediatamente acuciantes”

Carismático

Dentro del movimiento reformador del siglo XVI hubo mucha controversia sobre la relación entre la Palabra y el Espíritu. La Reforma Clásica de Lutero y Calvino acentuaba la primacía de la Palabra escrita e insistía que toda enseñanza tenía que medirse estrictamente por las Escrituras.

Lutero dijo que “aparte de la Biblia, yo no creería a Müntzer aunque se hubiera tragado al Espíritu Santo con todo y plumas”. A eso respondió Müntzer que no le creería a Lutero aunque se tragara cien mil Biblias enteras.

Müntzer adoptó una teología que hoy llamaríamos carismática, con énfasis en la profecía y los milagros. Quizá en parte por sus lecturas de Joaquín de Fiore, creyó que había llegado la “Era del Espíritu” Estaba convencido de que “Dios habla hoy” con palabra viva, que él contrastaba con la letra muerta del texto escrito.

Müntzer creía ver en los luteranos una “fe escribal”, una “fe fatua” que negaba la presencia viva del Espíritu. Según la promesa del Magnificat , el Espíritu estaba comenzando a formar “un pueblo sutil” sensible a la palabra viva y la realidad histórica . Esa visión impartida por el Espíritu animaría al pueblo creyente en su lucha histórica por la justicia:

En muchos pasajes Müntzer se inspira con la esperanza de un pueblo concientizado por el Espíritu mediante las enseñanzas evangélicas. En su carta al conde de Mansfeld (1525) se expresa en un lenguaje que suena a Paulo Friere y al cántico latinoamericano, “Dame un corazón, grande para amar; dame un corazón, fuerte para luchar”:

En su “teología carismática de la esperanza”, su visión apocalíptica jugaba un papel decisivo. Esta dimensión, tan destacada en su exposición de Daniel capítulo dos ante los príncipes, subyace toda la estructura teológica del pensamiento de Müntzer . Como se nota claramente en dicho capítulo de Daniel, Dios es el Soberano de toda la historia, la cual se desenvuelve según períodos divinamente predeterminados. En la originalísima interpretación que hace Müntzer de Daniel 2, los pies de hierro mezclado con barro representan un quinto imperio, el feudalismo medieval. Dicho sistema injusto será aniquilado en una espantosa batalla final:

"¡Ay, dilectos señores, será de ver como el Señor hará añicos las viejas vasijas con una vara de hierro…"

Después Dios entregará el reino “al pueblo de los santos del Altísimo” (Dan. 7:26s). Entonces seguirá un reino de gloriosa libertad, sin príncipe ni papa, en donde no habrá ricos ni pobres sino una completa comunidad de bienes. “El pueblo será libre, y sólo Dios será señor sobre ellos” .

A diferencia de casi todo el apocalipticismo de hoy, el de Müntzer no fue evasivo ni anti-histórico, como los que ofrecen una esperanza más allá del tiempo en sustitución de toda esperanza intra-histórica. Fue más bien un llamado radical a la lucha por la justicia y la liberación de los más pobres y oprimidos. Ernst Bloch lo llama “apocalíptica en la modalidad activa”

Müntzer fue fiel a la línea histórica de los profetas antiguos y los grupos “proto-pentecostales” del “espiritualismo apocalíptico” de vivir la realidad del Espíritu no como evasión del mundo sino como confrontación radical con la realidad. En ese sentido, Müntzer era “más carismático que los carismáticos” de hoy y más consecuente con el Espíritu de los profetas, fundadores de todo movimiento auténticamente “carismático”. Por otra parte, la radical separación que introdujo Müntzer entre el Espíritu y la Palabra le dejó sin los controles necesarios para su fe, y terminó hundiéndolo en un radical subjetivismo que le separó también de una visión objetiva de su realidad histórica. Sus sueños ilusorios, casi delirantes, al fin llevaron a los campesinos a una horrenda masacre.

Revolucionario

Lo más dinámico en el pensamiento de Müntzer fue la tensión dialéctica entre la denuncia y la esperanza, desde las mismas Escrituras. A partir de sus propias luchas y labores pastorales, Müntzer forjó toda una teología política revolucionaria. Entendía la Biblia en la más drástica relación con las injustas realidades de su tiempo, y creía que profecías y señales sobrenaturales corroboraban su mensaje profético. Confiaba absolutamente en Dios para derrocar a los tiranos y establecer un reino de justicia e igualdad, y creía que para tal fin Dios nos llamaba a colaborar activamente con su proyecto histórico.

Es muy revelador en la teología política de Müntzer , como también de su sorprendente creatividad exegética, la forma impresionante en que interpreta el capítulo trece de Romanos..

La interpretación conservadora de Romanos 13, y específicamente la de Lutero, parte de las primeras palabras del pasaje (”Sométanse todos a las autoridades constituidas”). Müntzer mira detrás de esa exhortación a la razón que da Pablo para la existencia de las autoridades y nuestra obediencia a ellas: son servidores de Dios para proteger a los justos y castigar a los injustos (Rom. 13:3,4). Precisamente esta infraestructura ética del gobierno se declara la razón “de conciencia” para someternos a las legítimas autoridades (Rom. 13:5). Este argumento de San Pablo no sólo afirma explícitamente el deber de todo gobierno de servir a la justicia, sino también implica la ilegitimidad de todo gobierno injusto.

Müntzer señala además que según San Pablo los gobernantes no son señores sino siervos (Rom. 13:4, diákonos), con autoridad delegada por cuyo uso obediente tienen que dar cuenta a Dios. Los magistrados, afirma Müntzer , no son dueños del poder y de la espada, sino sus servidores. Por lo mismo, cuando son infieles, desobedientes e injustos, Dios les quitará su poder y lo dará al pueblo de los escogidos (Dan. 7:26s).

Contra posturas pacifistas, Müntzer subraya que Dios ha dado la espada a los gobernantes para mantener la justicia. En su sermón ante los príncipes, Müntzer les anuncia que Dios los está llamando a usar su poder militar (espada) contra los inicuos, a favor de los oprimidos. “Nada de esa vieja broma de que Dios lo hará sin nuestro esfuerzo”, les dijo; Dios quiere traer justicia con “el concurso de vuestra espada”. Si se niegan a luchar al lado de los pobres, Dios les quitará la espada para darla a los oprimidos que ellos no defendieron.

Müntzer apela a un gran número de pasajes bíblicos en apoyo a su postura. Da especial importancia a Num. 15:32-36: una vez condenado un violador de la ley, toda la comunidad ha de ejecutar la sentencia y apedrear al culpable. Eso demuestra que la espada no es propiedad privada del gobernante sino que pertenece a la comunidad entera

En resumen, muchas de las convicciones de Müntzer nacieron de su profunda fe y se fundamentaban en exégesis seria de las Escrituras, frente a sus propias vivencias pastorales. En otros aspectos, como hemos señalado, se equivocó muy seriamente.

Una visión muy realista del señorío de Jesucristo inspiraba la fe de Tomás Müntzer . “Quiere asumir el mando”, dijo ante los príncipes, “Aquel a quien es dado todo el poder así en el Cielo como en la tierra” Al concluir su ardiente arenga antes de la batalla de Frankenhausen, Müntzer exhortó a sus tropas, “Seaís vosotros hombres, y Dios será Dios”. A esas convicciones Müntzer fue fiel hasta las últimas consecuencias, hasta la misma muerte.

Resumen de la ponencia para una consulta sobre “Teólogos alemanes y teología latinoamericana”, patrocinado por el Departamento Ecuménico de Investigaciones y el Instituto Humboldt de San José, Costa Rica, en febrero de 1989. Publicado en la revista teologico-electronica.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ese si era un santo de verdad, no cabe duda que gobernará con Cristo en el reino de los cielos. Lutero, Calvino y Enrique Octavo son igualitos que los Papas y que los cristianos panameños, unos ladronazos y cacorros!!