Martín Velasco

Es quizá el mayor experto hispano en temas místicos. Nació en Santa Cruz del Valle, Ávila (1934). Ha venido enseñando fenomenología de la religión en la U. Pontificia de Salamanca, sede Madrid, hasta su jubilación (2004). Ha sido Rector del Seminario de Madrid y muchos pensaron que debía haber sido el sucesor de Tarancón (y después de Suquía) en la Sede de Madrid. Pero la política eclesial tomó otros caminos. A pesar de eso, él ha sido y sigue siendo uno de los hombres clave de la Iglesia española. Cuando gran parte de los obispos de Madrid, que hoy recordamos, sean olvidados, él, Juan de Dios, seguirá siendo recordado, admirado y querido por estudiosos de la religión, por amigos de la mística y por hombres de Iglesia y de cultura. A él quiero dedicar aquí mi pequeño homenaje, como experto en mística.


Obras

Entre sus obras: Hacia una filosofía de la religión cristiana, Pontificia, Madrid 1970; Introducción a la fenomenología de la religión, Cristiandad, Madrid 1984 (1ª ed. 1973); La religión en nuestro mundo, Sígueme, Salamanca 1978; El encuentro con Dios, Caparrós, Madrid 1995 (= El encuentro con Dios. Una interpretación personalista de la religión, Cristiandad, Madrid 1976); El malestar religioso de la cultura, Sígueme, Salamanca 1998; La experiencia cristiana de Dios, Trotta, Madrid 1997; El fenómeno místico. Estudio comparado, Trotta, Madrid 1999; Fenomenología de la religión, Trotta, Madrid 2006.


Teólogo de la religión

Se ha esforzado por conocer y presentar las religiones de un modo histórico y antropológico, como pensador de gran finura y sensibilidad eclesial, situando la teología en el umbral de la experiencia religiosa, explicitada en nivel de fenomenología, abriendo un camino en el pensamiento hispano. Ha querido elegir el símbolo del encuentro como categoría central para la comprensión del fenómeno religioso. Eso le ha permitido abrir un espacio de diálogo no reductivo (no simplificador, ni unilateral) entre el cristianismo y las grandes tradiciones religiosas. No tiene que negar el cristianismo para asumir y desarrollar la experiencia de las religiones. No tiene que negar las religiones para confesar el cristianismo. Así lo dice en uno de los lugares centrales de una de sus obras ya clásicas :

"La relación teologal cristiana (o la confianza absoluta), la fidelidad a la alianza judía, la sumisión incondicional (Islam) musulmana, la “realización” de la identificación Atman-Brahman en el vedanta advaita, la bhakti de las corrientes hindúes más “personalistas”, el nirvana o extinción del sujeto en el budismo theravada y la sabiduría contenida en el taoísmo chino, es decir, las grandes formas de realización de la relación religiosa me parecen coincidir en un doble movimiento de transcendimiento de sí mismo, de descentramiento radical del sujeto, que le otorga el recentramiento (la salvación) en el más allá absoluto de sí mismo para el que el hombre está hecho, por el que siente una nostalgia y un anhelo irreprimible, pero con el que no puede coincidir por su propio esfuerzo y al que lo mejor de sí mismo le invita a consentir (El encuentro con Dios, pag 8).


Martín Velasco es filósofo y teólogo de la religión. De la filosofía proviene y en ella se mantiene, superando el riesgo de una razón que se absolutiza a sí misma, situando el pensamiento allí donde se transciende a sí mismo, no para renegar de la razón o perderse en el juego de las mil verdades parciales sino para descubrir que ella se asienta y ratifica a sí misma en el momento en que transciende. Por eso, siendo filósofo, Martín Velasco es teólogo de la religión, pues deja que ella misma se exprese en su verdad definitiva. Toda su obra es una experiencia de diálogo , un diálogo en el, manteniendo la especificidad de lo cristiano (encuentro con Dios en clave de encarnación) y de cada una de las grandes religiones, no sólo deja, sino que quiere que cada una de ellas mantenga su propia identidad.

Significativamente, para Martín Velasco, desde la perspectiva cristiana, el diálogo religioso se abre, por un lado, hacia el judaísmo, hacia el judaísmo, en el principio de la tradición bíblica, y, por otro, hacia las grandes tradiciones del orienta, expertas en transcendimiento mistérico. Pero, al mismo tiempo, tiene que ser y es un diálogo con todas las religiones (incluída el Islam), en una perspectiva en la que se pone de relieve el carácter unificador de la mística.


La experiencia mística. Unas preguntas básicas

-¿Cómo definiría usted la mística pensando principalmente en aquellas personas que la relacionan con Santa Teresa o San Juan de la Cruz y no con algo presente?

-Si hiciésemos una encuesta por la calle preguntando a la gente qué entiende por mística, nos encontraríamos con definiciones muy diversas. Pero incluso si se recurre a los estudios serios sobre el tema, las descripciones que se hacen sobre el fenómeno son también extraordinariamente variadas. Y es que, con esta palabra, hoy en día designamos hechos muy diferentes y, además, abordados desde perspectivas enormemente variadas, como son la filosofía, la teología, la historia, la lingüística, las ciencias del cerebro, la psicología o la psiquiatría. Y naturalmente, desde cada perspectiva, se capta sobre todo un aspecto y se llega a una descripción diferente. Si yo tuviese que ofrecer una descripción, desde la perspectiva que es más familiar para mí (la del estudio del fenómeno religioso), yo diría que la mística es fundamentalmente una experiencia peculiar del más allá del hombre, un más allá al que los cristianos llamamos Dios padre de Jesucristo, al que otras tradiciones dan otros nombres y al que personas no ligadas a ninguna orientación religiosa se contentan con definir como la trascendencia, el absoluto o el infinito.

-La trascendencia siempre está ahí, ¿verdad?

-Efectivamente. El hombre tiene una dimensión de trascendencia que le pertenece por su propia condición, y esa dimensión, incluso cuando no se ejercita religiosamente, suscita en muchas personas experiencias de trascendencia, por ejemplo en la relación con la naturaleza, en sus aspectos más llamativos e impresionantes, cuando el sujeto se ejerce éticamente o cuando el hombre desarrolla la experiencia estética. De esa forma, hay infinidad de relatos sobre experiencias de trascendencia que, psicológicamente hablando, tienen semejanzas con la experiencia mística aunque su contenido sea diferente.

-Parece sorprendente hablar de mística en una sociedad como la de ahora, con prisas, ruidos y mucha actividad. ¿Cómo es el místico contemporáneo?

-Si se estudia la mística a lo largo de los siglos, se observa que, siendo la presencia de experiencias místicas en las religiones una constante desde siempre, sus formas concretas difieren según las circunstancias culturales en las que se mueven los místicos. Por eso no tiene nada de extraño que el místico de hoy cobre un perfil peculiar, dadas las transformaciones culturales que se han producido y los cambios tan grandes que vive nuestra actual sociedad. Entre muchos rasgos, yo subrayaría que el místico de nuestros días no lo es a través de experiencias extraordinarias que se acompañen de fenómenos también extraordinarios. Vamos caminando hacia formas de mística realizadas en el interior de la vida más cotidiana, algo que en realidad no es tan nuevo, porque ya los profetas vivían la experiencia de Dios en relación con los acontecimientos de la vida diaria, lo mismo que Santa Teresa, que decía incluso que "Dios también anda entre los pucheros".
En cualquier caso, hoy son muchos los autores sobre mística que insisten en que tal vez la forma de experiencia de Dios más frecuente en nuestros días sea aquella que tiene lugar no en momentos privilegiados, sino en el discurrir de la vida diaria. Xavier Zubiri decía que realizar la experiencia de Dios no es entrar en contacto directo con un Dios que esté frente a mí, sino más bien vivir todo lo que uno vive a la luz de Dios y a la sombra de su presencia, es decir, vivir divinamente más que entrar en una relación directa con un Dios con quien esa persona se encuentre sólo en momentos determinados. Bastantes de los místicos de nuestros días van en esta dirección.

-Usted también es sacerdote diocesano en Madrid. ¿Dónde ejerce su ministerio?

-Nunca he dejado de realizar el trabajo sacerdotal, aunque ahora me dedico a él en una medida restringida porque tengo otras actividades. Actualmente colaboro en una parroquia del barrio madrileño de Vallecas.


Última opinión sobre Juan de Dios

Juan Martín Velasco es uno de los hombres más agudos que conozco, más fieles a la realidad, más atentos al misterio. Alguien, de esta blogosfera (religiondigital), ha dicho, refiriéndose a Juan: "Que no digo que sea mala persona pero es más corto que las mangas de un chaleco". Yo no entro aquí en lo de buena o mala persona, pues se lo dejo a Dios (¡aunque doy testimonio de que es un hombre bueno!), pero puedo asegurar que es uno de los pensadores hispanos más agudos del momento actual, en el plano de la religión y del diálogo de culturas. Es "preciso y profundo, radical en los planteamientos y siempre abierto con los que mantienen otras opiniones", incluso con aquellos que piensan insultarle llamándole corto. Pero hay algunos juicios que solo ofenden a quienes lo emiten.


Salvador Guasch

3 comentarios:

JMV dijo...

André Malraux escribió "el siglo XXI será místico o no será". La frase hizo furor cuando la recuperó Karl Rahner más tarde. Seguramente no podrá ser de otra manera, però no como los místicos "clásicos" (Sta. Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, etc.), ni tan solo como la de Telhard de Chardin.
Si se nos permite definir la mística como la experiencia personal del trascendente (por usar una palabra que sea apta para todos) ésta se verá condicionada por el nuevo tipo de sociedad surgido a finales del siglo XX, la denominada "sociedad del conocimiento", marcada por el impulso que han tomado las tecnologías de la información hasta el punto en que también se ha llegado a hablar de "sociedad de la información".
Pero hay que considerar también los cambios sociológicos, de valores, que han tenido lugar (de hecho la crisis actual no es sólo económica, también de valores) que han hecho del hedonismo un fetiche (el nuevo becerro de oro), en el que el egoismo prima por encima de todo. No podemos cambiar el tipo de sociedad, me pregunto si incluso el sistema de valores, pero sí que podemos renunciar al hedonismo por la vía de la austeridad, la sencillez, tal como la describe Fray Luis de León: "a mi una mesa de paz bien abastecida me basta". Y, más importante aún, la búsqueda del silencio en una sociedad en la que el ruido nos invade por todas partes. Sólo en el silencio podemos llegar a encontrarnos con el trascendente y con nosotros mismos.
Este último punto tiene su dificultad: el silencio nos enfrenta a nostros mismos, tal como somos, y no siempre lo que vemos nos gusta. Aceptarse a si mismo, con nuestros defectos y limitaciones, es el primer paso. El segundo, olvidarse de si mismo -muy a menudo nos consideramos el ombligo del mundo- es igual de importante. Sólo cuando nos fijamos en el otro, como ser igual a nosotros, con sus defectos y limitaciones, y le aceptamos tal cual es, sin imposiciones, tenemos alguna posibilidad de encontrarnos con el Otro. Y en este encuentro con el Otro es donde empieza la mística.
¿Cómo encontrar un lugar se silencio en nuestras ruidosas ciudades? Tarea difícil donde las haya. Intentar abstraerse, en la medida de lo posible, del ruido ya es algo, pero no basta. Hace falta silencio exterior e interior, mucho más difícil de conseguir que el anterior (las angustias, los problemas, las ilusiones, los desengaños, el día a día, crean en nuestro interior una vorágine de ruido del cual debemos aprender a desprendernos) -el olvido de sí mismo-. Yo, debo confesarlo, aún no lo he conseguido.

vadinia dijo...

Es la primera vez que escribo en este foro.

Lo hago para poder compartir mi lectura del libro de Juan Martin Velasco, Mistica y Humanismo, editado en 2007. El afrontamiento del fenomeno religioso, hecho desde este sacerdote católico, me ha sorprendido por su fidelidad a la realidad, y su negación a dejar, en su estudio, aspectos que pueden ser vividos como negativos, "debajo de la alfonbra".

Desde el punto de vista de la intervención social es la mejor manera de aprehender la realidad. Y creo que esta mirada se puede trasladar al mundo católico.

En definitiva, para mí esta siendo un buen libro, y como me ha ocurrido en las pocas oportunidades que he tenido de oirle, un clarificador de mi camino espiritual.

Es un libro a recomendar, desde las premisas anteriores, es decire fidelidad a la verdad en la búsqueda de un camino espiritual.

Eddy dijo...

Me pueden decir como puedo encontrar el telefono y/o correo electronico de Juan Martin Velasco? Muchas gracias.