Mary Ward


Un nuevo monaquismo

Mary Ward nació el 23 de enero de 1585 en el condado de Northumberland, situado al norte de York.

Durante su infancia, la familia tuvo que cambiar de residencia continuamente. Así fue como Mary desde muy pequeña empezó su peregrinación de un lado para otro, marcando su vida de una manera tan especial que podríamos llamarla “eterna romera de los destinos de Dios”

La última etapa de su infancia la pasó en casa de sus primos, los Bapthorpe. En los casi siete años que pasó allí fue creciendo y madurando en ella la idea de una vocación religiosa.

Mary sabía que para realizar su vocación tendría que dejar Inglaterra. Como no tenía conocimiento particular de ninguna orden religiosa ni medios de informarse en un ambiente en el que la persecución y la herejía habían dispersado y suprimido las comunidades religiosas, decidió encerrarse en alguno de los conventos del continente, eligiendo los Países Bajos, como lo hacían otras compatriotas suyas.

Una vez recibido el permiso paterno y dejando atrás la Patria, partió rumbo a lo desconocido. Era el año 1606. Su vida en ese momento, era un cúmulo de incertidumbre. La meta de su viaje era Saint Omer, dominio de la Corona española y gobernada por Isabel Clara Eugenia, hija predilecta de Felipe II, y Alberto de Austria. La proximidad con Calais y el ambiente católico constituían el lugar ideal para que se diesen cita en ella diversidad de órdenes religiosas. Así decide fundar un convento de clarisas para jóvenes inglesas exiliadas de Inglaterra. Pero pronto iban a cambiar de nuevo las cosas. El 2 de mayo de 1606, Dios le dio a entender que quería servirse de ella para algo que era mayor todavía.

Dios no la llamaba al retiro contemplativo del claustro, sino a levantar la bandera y a alistar en torno a ella un grupo de mujeres dispuesto a tomar parte activa en la defensa de la fe y propagación de la reforma católica. Vuelve a Londres para hacer allí todo el bien posible en un apostolado directo: con los pobres, con los ricos, con los enfermos, con todo aquel que la necesitaba… y vio que se le abrían nuevos horizontes de servicio a los demás, hasta entonces insospechados para la mujer. Iniciando de este modo una nueva vida religiosa apostólica.

En este ambiente heroico fue donde la vocación de Mary Ward llegó a una madurez definitiva. Vio la urgencia de fundar una congregación femenina con facilidad de movimiento, sin claustro, sin hábitos monásticos que se ocupase en las diversas tareas de defender y promocionar la fe, fijándose muy especialmente en la juventud.

Fundación del Instituto

Un grupo de mujeres se puso irrevocablemente en sus manos, para seguirla a dondequiera que fuese. Era el año 1609. Volvió a Saint Omer con cinco de ellas. Aquí llevaron una vida comunitaria y se dedicaron a la educación de la juventud, fundando su primer colegio al estilo del que muy cerca tenían los jesuitas. Éste fue el modesto comienzo del nuevo Instituto que iba a fundar.

En 1611 recibe una luz especial que encauza definitivamente la labor apostólica del incipiente Instituto. En una carta al Nuncio expresa su deseo de adoptar las mismas reglas que los jesuitas, tanto en cuanto al contenido como a la forma, exceptuando sólo lo que Dios ha prohibido por la diversidad de sexo.

Después de Saint Omer, la primera casa que fundó Mary Ward fue la de Londres de 1613. Era natural que Mary desease sentar definitivamente las bases del Instituto, por lo cual decide ir a Roma personalmente a gestionar el asunto ante la Santa Sede, es decir, la aprobación del Instituto. Era el año 1621.

Mary fue recibida por Gregorio XV quien afirmó “Dios ha mirado a tiempo a su Iglesia”, permitiéndole abrir un colegio en Roma. Posteriormente fundó en Nápoles y Perugia. Más tarde, Mary decidió encaminar sus pasos a la católica Baviera.

Fueron momentos de prosperidad que se vieron truncados el 13 de enero de 1631, ya que Urbano VIII signó y publicó la Bula “Pastoralis Romani Pontificis”, una de las más duras emanadas de la Santa Sede, en donde se hacía sentir la presencia de injustas acusaciones y se daba la orden de supresión del Instituto.

El 7 de febrero de ese mismo año Mary fue encarcelada en Munich por orden de la Inquisición, acusada de “hereje, cismática y rebelde a la Santa Iglesia”. Tras la supresión y el encarcelamiento de la fundadora, once casas se cerraron y 300 religiosas fueron dispensadas de sus votos, para volver a sus casas: había en el Instituto italianas, españolas, francesas, alemanas, flamencas, bohemias, húngaras, austriacas e irlandesas.

En abril sale Mary de la cárcel y marcha a Roma, donde Urbano VIII, impresionado por la personalidad de Mary Ward, permite la apertura de una pequeña casa en Roma. Pasados unos años muere en York Mary Ward. En su lápida sepulcral podemos leer las siguientes palabras: “Amar a los pobres, perseverar en ese amor, vivir, morir y resucitar con ellos, esta fue toda la meta y aspiración de Mary Ward, quien habiendo vivido 60 años y 8 días, murió el 30 de enero de 1645″.

Se fue de la vida con el aparente fracaso de quien ve destruida la obra de tantos años, pero con la paz y serenidad de quien, aceptando en todo la voluntad de Dios, sabe entregarse generosamente sin pedir nada a cambio.

Nadie pensaba en Roma que del grupo de las que permanecieron fieles pudiese surgir un Instituto con vida pujante hasta nuestros días.


Mujer rebelde que rompió moldes en la Europa del XVII

Los guardianes de la ortodoxia gustosamente hubieran quemado a Mary Ward en una hoguera inquisitorial. Galileo, por aquellos años, desarticulaba el planetario moviendo la tierra en torno al sol. Un mismo papa, Urbano VIII, condenó a Galileo y condenó a Mary Ward.

Mary , crecida en una familia yorkina empapada de jesuitismo, quiso aprovechar inteligentemente la brecha abierta por Ignacio de Loyola que desparramaba sus jesuitas hasta cualquier área fuera de los muros monásticos tradicionales.

Ésta fue la primera mujer cristiana decidida a situar a las monjas fuera de los conventos de clausura donde los varones las tenían encerradas. El amor divino en ella ardía como el fuego que no se puede encerrar. Tremendamente activa y contemplativa crea equipos de jóvenes cultísimas y las pone al frente de escuelas y de misiones arriesgadas.

Defensora de la Iglesia Católica en Inglaterra, sufre la persecución anglicana por ayudar a los pobres, a los presos y a los acatólicos vacilantes en su fe. La misión que emprendió en Inglaterra, hoy día está extendida en los cinco continentes a través del Instituto que fundó.

José Maria Javierre; La jesuita Mary Ward, LibrosLibres. 2003

2 comentarios:

Anónimo dijo...

SOY CHILENO TRABAJE EN EL INSTITUTO SANTA MARIA (MARIA WARD), PERO LAS RELIGIOSAS ???? DE ESTA CONGREGACION NO TIENEN EL MISMO SENTIR DE MARIA WARD, DE RELIGIOSIDAD NADA, QUE SIRVAN DE MODELO PARA ESTE HERMOSO PAIS NO HACEN NINGUN APORTE A LA COMUNIDAD, TIENEN COLEGIOS QUE LLEVAN EL NOMBRE DE MARIA WARD, PERO INSISTO DE RELIGIOSA NADA, SON AUTORITARIA, DESPOTA, SON CLASISTA A LOS PROFESORES Y RESTOS DE LOS TRABAJADORES LOS TRTAN E INCLUSO CON GROCERIAS, ES UN DESPRESTIGIO PARA MARIA Y ME REFIERO ESPECIFICAMENTE A LAS QUE DIRIGEN ESTA INSTITUCION A NIVEL NACIONAL, EL DESPRESTIGIO ES DEMACIADO GRANDE, LAMENTO TENER QUE DECIR ESTAS COSAS PERO ES LA VERDAD
ATTE

mercè dijo...

Salvador, he entrat a la teva pàgina i l'he trobat molt interessant. He vist que tens penjat un text sobre Mary Ward. Volia preguntar-te si disposes de més bibliografia d'ella o d'altres textos.
gracies
mercè