‘El càstig’

Presentación de la novela El Càstig en Barcelona:
  • El 18 de marzo a las 12.00, en el Centro vecinal de Can Batlló (Carrer Constitució, 19. Barri de la Bordeta).
  • El 30 de marzo a las 19.00, en el local de la Fundación Enllaç (Carrer Rosselló, 328).


El Càstig (El Castigo) es la precuela de El monestir de l'amor secret (la versión en lengua castellana se titula Esa hora tan quieta y fue publicada en 2010 por JP Libros). El protagonista de ambas novelas, el joven noble Galzeran de Monsingle, sufre diversas tribulaciones a consecuencia de su homosexualidad, pero ello no le impide cursar estudios universitarios en Montpellier, tratar a diversos personajes históricos, como el Rey Pedro IV el Ceremonioso y el fraile Francesc Eiximenis, y sortear acontecimientos terribles como la Peste Negra.

Su autora Maria Dolors Farrés (Vic, 1962) es escritora y licenciada en periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ejerció su profesión durante diecisiete años en varios semanarios comarcales. Fue locutora de Onda Rambla, Ola Osona, Ràdio Vic y corresponsal de Catalunya Ràdio entre 1985-1998 y 1999-2001. Durante esta etapa también colaboró en diversas publicaciones. En 1995 publicó la novela Ciutat ambre (Columna) y El Pla del Remei. En 2007, fue finalista del Sant Jordi con L'hora quieta y en 2008 publicó El monestir de l'amor secret. Desde 2003 se dedica exclusivamente a la literatura. Para contactar con la autora: mariadolorsf@gmail.com

La experiencia contemplativa en la mística, la filosofía y el arte

Olga Fajardo (ed.): La experiencia contemplativa (Kairos, 2017)

Olga Fajardo compagina su labor docente con el estudio y la práctica de distintas técnicas de meditación como camino de cultivo hacia la interioridad.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de experiencia contemplativa? ¿Podemos definirla o tan solo podemos acercamos a ella desde los límites y las paradojas del lenguaje? ¿Sabemos distinguir entre contemplación y meditación? ¿Es la experiencia de Unidad la que nos abre al asombro, desvelando y revelándonos el legado de las fuentes de sabiduría?


Este libro es una invitación a abrazar la diversidad desde donde aproximarnos a estas y otras preguntas. Porque, más allá de la experiencia, sea esta inducida o espontánea, su cultivo consciente nos lleva hacia la dimensión contemplativa del ser humano; ser en plenitud desde un compromiso ético y espiritual.

Once expertos nos invitan a adentrarnos en estos temas, con rigor y pasión, desde la riqueza de la multiplicidad de lenguajes y experiencias. Sus textos nos acercarán al legado espiritual transcultural a través de tres vías del saber profunda y esencialmente humanas: la mística, la filosofía y el arte.

Han contribuido en esta publicación a cargo de Olga Fajardo once autores especialistas, algunos ya conocidos por Monvir como Javier Melloni, Teresa Guardans y Pablo d´Ors. Entre otros: Mónica Cavallé, Vicente Merlo, Halil Bárcena, Raimon Arola, Oriol Texidor, Blanca de la Vega y Jaime R. Pombo.

La primera aportación de la edición la hace Melloni que en sus 26 páginas nos introduce al tema con finas e interesantes distinciones relacionadas con el tema: nos habla de las vías de acceso a la dimensión contemplativa del ser humano. Melloni es jesuita y doctor en teología, especialista en mística comparada y diálogo interreligioso. Es del consejo académico del Máster en Espiritualidad Transcultural. Autor y coautor de diversos libros: Dios sin Dios, Sed de Ser, El Cristo interior, Hacia un tiempo de síntesis, El deseo esencial, Los caminos del corazón. Una aproximación a la Filocalia.

La contemplación, dice, remite a aquella actividad-estado que tiene que ver con la apertura a la manifestación de lo sagrado. “En el campo de la contemplación conviene distinguir grados y calidades, porque no todo lo podemos llamar igual. No hay que confundir, por ejemplo, concentración con contemplación. La concentración consiste en una absorción de la atención sobre un objeto externo o interno, pero aún se trata de una relación parcial, únicamente mental, que no toma a la totalidad de la persona ni la abre del mismo modo. En la contemplación se da una ampliación de la consciencia, donde lo contemplado, el contemplador y el acto de contemplar se hacen uno.” Continua distinguiendo “En primer lugar hay que distinguir tres palabras cercanas: oración, meditación y contemplación. La oración es un acto interno de recogimiento que se dirige a un Tú trascendente. Orar es el acto de dirigirse al Ser divino con la espera de ser escuchado. La oración es constitutivamente relacional. La meditación en cambio, recorre el camino inverso. Se trata de una interiorización sin un tu. La medicina cuida del cuerpo mientras que la meditación cuida del alma. La contemplación seria el estado avanzado que encontramos en las dos vías anteriores, siendo la oración una actividad propia del corazón y la meditación una actividad de la mente. Cuando en Occidente se habla de meditación nos estamos refiriendo a la reflexión de una idea o de un texto, donde la mente está en plena actividad”

Por otro lado “Tanto en la escucha de las sensaciones internas como externas, la herramienta básica es mindfulness, la atención plena” Y así acaba la aportación del autor “A través de la contemplación el ser humano se eleva por encima del reino de la necesidad, de la competitividad y de la depredación para introducirse en un modo de existencia donde se vive inmerso en el Ser, con la consciencia de que el existir no es una conquista, sino el don permanente que subyace todo lo que es. Sostenerse en este don y vivir desde él es hacia donde aspira todo camino contemplativo y todo aspirante a la contemplación.”

S.G.

Sexualidad y espiritualidad: el verbo hecho carne

Jordi Àlvarez Carniago, psicoterapeuta Transpersonal 

La integración de la sexualidad en la práctica espiritual es un tema difícil de tratar aunque de ferviente actualidad. Este momento de crisis de valores, económica, cultural y ecológica, favorece la búsqueda popular de una espiritualidad, de una autenticidad, que ofrezca una alternativa al materialismo egoísta.

La sexualidad, en sus aspectos más cotidianos, es una fuente de vitalidad y placer, una forma de relacionarse con uno mismo y con el mundo. Muchas de las personas que intentan o deciden orientar su vida desde la búsqueda de lo sagrado, de lo espiritual, se plantean como integrar ese aspecto tan importante en sus prácticas y filosofías, sin embargo esta no es tarea sencilla. Por un lado nos encontramos con el oportunismo de muchos supuestos maestros o terapeutas que están ofreciendo cursos y talleres que dicen tener soluciones sencillas y superficiales a este tema (y a muchos otros) basándose normalmente en supuestos e ideas extraídos de las filosofías orientales o indígenas o bien desde diferentes corrientes terapéuticas y psicológicas. Por otro lado existe una gran variedad de escuelas, tradiciones y corrientes espirituales que, lejos de compartir un fondo común de sabiduría perenne, tienen interpretaciones y valoraciones muy diferentes del valor de la sexualidad y de cuál es su papel en la práctica espiritual que oscilan desde el rechazo total hasta ser un tema central de su filosofía.

Nuestra cultura tiene a su vez una posición dual y contradictoria al respecto. Estamos sumidos en un sistema social donde la sexualidad se ha convertido en un producto más del mercado y un elemento de dominación social y cultural. Sin embargo el substrato religioso y cultural del Catolicismo español supone aun una carga ideológica muy fuerte de represión de la sexualidad y una visión patriarcal con una presencia consciente o inconsciente de la culpa y el pecado respecto al deseo sexual y a la sensualidad.

Mi aportación a este difícil tema está orientada desde mi práctica como psicoterapeuta de orientación Transpersonal y desde mi propia búsqueda y experiencia espiritual.

Desde este punto de partida, la sexualidad y la sensualidad son observadas como elementos del potencial energético, o vital, de la esencia a desarrollar para conseguir un equilibrio físico, psíquico y espiritual. Sin un desarrollo sano y pleno de la sexualidad es muy difícil que las experiencias de conciencia que tiene la persona se asienten, se integren, en una vida cotidiana creando una dualidad entre la práctica o la vida espiritual y la existencia encarnada. La represión o la contención de la capacidad de disfrutar de los estímulos sensuales, y por tanto de la sexualidad, comporta inevitablemente un trastorno psíquico y emocional-afectivo que impedirá la relajación y la aceptación de las experiencias espirituales que se expresan a través del cuerpo.

La espiritualidad es la conciencia de la verdadera identidad de la persona, la paradoja del ser en unidad con la creación, que experimenta una existencia encarnada y separada de los otros seres. Tanto la mente como el cuerpo son, a la vez, elementos que, en relación con la conciencia de identidad, pueden llevar a una experiencia de aislamiento y alejamiento como ser la fuente de las experiencias de unidad y fusión. En este sentido existen prácticas espirituales para superar la identificación con ambos, mente y cuerpo, pensamiento y sensación, y acceder a niveles de conciencia donde la personalidad se diluye en el mar de la unidad.

Son bien conocidas las técnicas de meditación que permiten acceder a las experiencias de trascendencia, sin embargo existe un gran desconocimiento de las prácticas que permiten experimentar la unidad con toda la existencia física o experiencias de inmanencia. Curiosamente las experiencias místicas espontaneas, muy a menudo, se dan en prácticas físicas y/o sensoriales. Como bien explica el psicólogo Charles T. Tart, en su libro “Estados de conciencia”, existen dos formas de acceder a esas experiencias místicas: por saturación de los elementos sensoriales y por reducción de los mismos. Entre las prácticas que pueden conducir a experiencias místicas por saturación sensorial encontraríamos por ejemplo la música o la danza, como sucede en los trances obtenidos por el movimiento giratorio de los giróvagos de la tradición sufí o la escucha del repiqueteo de los tambores en las tradiciones chamánicas. También el esfuerzo físico llevado al límite puede producir los mismos efectos de saturación sensorial como sucede muy a menudo en los partos o el “subidón del corredor” experimentado por los deportistas. Por supuesto existen muchos relatos de experiencias místicas durante las relaciones sexuales, siendo, desde mi experiencia, una de las fuentes más comunes de experiencias místicas espontaneas.


Pese a las evidencias de la capacidad que tiene la expresión de la energía sexual para conducirnos a estados de conciencia más allá de la identidad egóica, muy pocas tradiciones han desarrollado unas prácticas específicas para conducir y desarrollar este aspecto del ser, la mayor parte de las escuelas espirituales no las recomiendan o, directamente, las reprimen.

Cada persona camina su propio camino y muchos tienen la suerte de transitar esta senda de descubrimiento por caminos escritos y con el bagaje de unas tradiciones milenarias. Otros, como yo mismo, caminamos junto a las sendas reconocidas sin sentirnos del todo acogidos por ninguna escuela, aprendiendo por etapas aquí y allá, tal vez descubriendo nuevos territorios. Desde mi experiencia, propongo observar humildemente, las señales de atención de las antiguas vías, que nos avisan del potencial error, para encontrar la vía segura aquí y ahora.

Una de las principales objeciones que se hace al respecto de esta integración de la sexualidad, por parte de muchas escuelas, es el peligro de adicción o apego al placer. Esto nos informaría de que es necesario tener una psique sana y consciente de sus aspectos más ocultos, de la sombra como dijo C.G. Jung, para evitar la adicción y que la sexualidad acabe siendo, no una vía de desarrollo espiritual, sino una cadena más que impida este desarrollo.

Se insiste también en el peligro del egoísmo hedonista. Este sería un obstáculo para la liberación de la identificación con el ego o la mente. Creo que esta trampa solo se puede salvar a través del desarrollo del potencial de amor. Así a través de la conciencia de nuestra identidad unitaria, con todos los seres, y la aceptación y compasión por nuestra dimensión limitada i finita, como seres encarnados, al sentir un amor incondicional por nosotros mismos y por el otro, evitaríamos la dependencia, el apego. 

Finalmente el principal escollo que advierten es el alejamiento de las dimensiones trascendentes al tratarse de una práctica inmanente. Esta dificultad, en mi opinión, aparece en un marco donde la práctica espiritual es predominantemente masculina. Esta circunstancia comporta una falta de integración de la dimensión masculina-femenina, el animus y el ánima Junguianos. Para sortear este obstáculo se tiene que entender nuestro papel activo en la misma creación Divina, nuestra misión de transformar el mundo material a través de la acción como expresiones de la misma Divinidad universal, de la conciencia, que manifiesta su voluntad creativa a través nuestro, vivir una espiritualidad encarnada.

Hasta aquí llega mi propuesta, seguro que aparecerán nuevas oportunidades de crecer, nuevas trampas del ego. Así pues espero que escuchando las voces de las tradiciones, que nos avisan de la dificultad de la integración de la sexualidad y la espiritualidad, podremos caminar nuestro propio camino, siempre sabiendo el riesgo que comporta el abrir nuevas rutas.

Barcelona, 18 de octubre del 2016.

Cal que sigui fosc per veure el cel

Joan Taltavull

Cal que sigui fosc per veure el cel.
Deixam brillar els estels quan apagam el que ens envolta.
Cal endinsar-se en la foscor per poder créixer i donar a llum.
És dins nostre, ben profund, on descobrim que neix la vida.
Dins la cova d'un mateix, i amb l'escalfor dolç de l'amor,
el caliu i el buf fan aparéixer, aquella flama que il·lumina.

Cal no mirar-se a sí mateix, i així veure millor als altres.
Que en els altres ens veiem, i ens coneixem també a nosaltres.
Igual que mirant el cel, sense més interferències,
ens adonam que tot el Cel, en realitat està dins nostre.

El Árbol del Conocimiento

J. Oliver-Bonjoch


Este año os felicito la Navidad y el año nuevo con mi propia versión del Árbol del Conocimiento, una imagen alegórica de la sabiduría presente en culturas y civilizaciones de todos los rincones de la Tierra. La Navidad coincide con la celebración ancestral de la victoria de la Luz sobre las tinieblas, y la búsqueda de la sabiduría se describe simbólicamente como un camino que lleva hacia la iluminación. Aunque creo que la verdadera sabiduría también se encuentra fuera de los libros y tiene que ver con la capacidad de amar, con ‘mi’ árbol he querido expresar la diversidad de fuentes del conocimiento. Por eso, entre las raíces ‘hambrientas de conocimiento’, he dibujado diversos tipos de soportes de la escritura que pertenecen a civilizaciones representativas de todas las épocas y de todos los continentes.

Al mismo tiempo me adhiero al 7º centenario de Ramón Llull, quien utilizó este árbol alegórico para explicar visualmente sus planteamientos metodológicos, tan útiles para el progreso del pensamiento europeo. El Árbol de la Ciencia de Llull es, precisamente, el emblema de la institución donde ha crecido y madurado mi vocación docente a lo largo de los últimos quince años, y donde también he tejido firmes lazos de afecto y amistad con compañeros y exalumnos. Pero, al hacer memoria de Llull, también hago memoria de mi abuela mallorquina, que fue la primera persona que me habló de él, como de tantas otras cosas relacionadas con Mallorca que le gustaba contarnos a mi hermana y a mí. De hecho, los antepasados catalanes de mi abuela llegaron a la isla en la misma época que lo hicieron los padres de Ramón Llull, así que quien sabe si ambos árboles genealógicos se conectaron en algún momento de los siete siglos que han transcurrido desde entonces...

Navidad 2016



Un fragmento del concierto de Navidad del
coro del King’s College de Cambridge.