Meditaciones sobre cómo vivir el tiempo que nos queda

Emma Rodríguez | Lecturas Sumergidas


En su vejez Theodor Kallifatides (Grecia, 1938) atraviesa una crisis personal que se acopla a la crisis del mundo, a un cambio de época que afecta a la cultura, a los usos y costumbres, a los valores, y cuyas consecuencias aún son imprevisibles. En Otra vida por vivir asistimos a un proceso de búsqueda y de transformación del autor. La edad no es un obstáculo para asumir el crecimiento, la evolución, el aprendizaje constante de la existencia. Cargar con años y experiencias a la espalda, lo que sí añade es intensidad y sabiduría. De ahí que este libro resulte altamente enriquecedor en estos tiempos de inmediatez. De ahí que nos aporte tanto.


Este texto forma parte de un artículo de Emma Rodríguez publicado por Lecturas Sumergidas.

La mejor creación de la inteligencia es la compasión

Joaquín Araújo, geógrafo y fundador de bosques


“La mejor creación de la inteligencia es la compasión, y yo creo que pocas realidades vivas tienen tanta compasión del conjunto de la vida como el bosque. El bosque es quien más hace por la continuidad de la vida en este planeta. Y es la vacuna contra la próxima catástrofe de la humanidad: el cambio climático.

Sin árboles no hay vida posible. Sus suspiros son nuestro aliento. Es inabarcable su capacidad de convivir y dar cobijo a toda suerte de organismos, pensemos que en un árbol de la selva amazónica puede haber más de 1.000 especies distintas. Hay comunicación y auxilio entre los árboles de un bosque. La simbiosis de las micorrizas es esencial en la vida.

El árbol en lugar de competir convive. Sí, y en vez de excluirse se asisten mutuamente y gracias a eso hay vida. Resulta curioso que todos esos seres vivos silenciados saben vivir, pero la inteligencia humana no sabe hacerlo.


Vivimos contra la vida, porque el modelo energético, educativo, el que quiera, es antivitalista. Utilizamos nuestra inteligencia para distanciarnos de la vida. Es un parricidio. Respiramos 380 millones de veces en una vida de 80 años, por tanto tendrás que ser capaz de amar a eso que te permite estar vivo, algo en lo que no se hace hincapié en el sistema educativo.

El humano lleva dentro nostalgia de ese hogar inicial. Pero hemos dejado de ser bosque para ser hacha y llama, desierto y aserradero.

Hay que naturalizarlo todo. Si creemos que hay una salud para el humano y otra para el resto de lo viviente es que no se ha entendido nada. Solo hay una salud, y su fuente son todos los sistemas, procesos, ciclos, prestaciones, dádivas y regalos que nos hace la naturaleza. El bosque es el sistema inmunitario del planeta Tierra, comprender eso nos salvaría de futuras epidemias.

Necesitamos un planteamiento vivaz, es decir: sin limitar, ni erosionar, ni envenenar, ni destruir la vida.”


Este texto forma parte de una entrevista publicada por La Contra de La Vanguardia (10/06/2020)

La importancia de sentir que vamos a morir y no sólo saber que vamos a morir


“Si sintiéramos que nos vamos a morir seríamos mejores personas, no seríamos tan narcisistas, si sintiéramos que nos vamos a morir aprovecharíamos mejor el tiempo... nos dedicaríamos más a buscar aquello que no es mera supervivencia y comodidad o dinero... o estatus... las cosas más profundas de la vida las buscaríamos más si supiéramos que la vida es un recurso escaso, que lo es.”

Claudio Naranjo
En esta entrevista publicada por Cultura Inquieta, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo nos introduce a lo trascendental en lo cotidiano. Pensar sobre la muerte es el principio de una vida reflexiva que accede al significado y posiblemente a la espiritualidad; es de hecho la forma universal, a la que todos tenemos acceso, para acercarnos a la espiritualidad. 

In memoriam de Willigis Jäger, místico cristiano y maestro zen



El pasado viernes 20 de marzo, a las 9 de la mañana, murió en Holzkirchen (Alemania) Willigis Jäger, uno de los más grandes maestros espirituales de nuestra época, que representaba la convergencia de las tradiciones espirituales de Oriente y la mística de Occidente. Lo hizo tranquilamente, en serenidad y en compañía de los que lo amaron. Para muchos de nosotros, su experiencia y su enseñanza ha supuesto una gran revelación y una gran ayuda para renovar nuestra espiritualidad. Pero, a pesar de ser una persona bastante conocida, pocos portales y medios se hicieron eco. Él mismo había escrito unas palabras con las que concluía mi anterior post: “No tienes por qué tener miedo. ¡Extiende tus manos! Serás llevado. Al final tendremos que hacer tan solo una única cosa: desapegarnos. Dichoso aquel que termina a tiempo su búsqueda allá fuera, queriendo volver a la casa paterna, como el hijo del relato del Hijo Pródigo”. Sean estas palabras un in memoriam agradecido.


Este texto forma parte de un artículo de Victorino Pérez publicado por Religión Digital (28/03/2020)

La espiritualidad no es un fin en sí mismo


“Demasiados creyentes y no creyentes leen los textos sagrados de forma obstinadamente literal y muy alejada del enfoque más inventivo y místico de la espiritualidad premoderna. Queremos tener razón en vez de ser compasivos, que nuestra religión sea la mejor, lo que implica que todas las demás están equivocadas. Olvidamos que cuando hablamos de Dios, Brahman o el Tao, hablamos de lo trascendente y nadie tiene la última palabra. Nadie sabe qué es Dios y qué no es Dios. Todas las religiones, sin excepción, nos dicen que la espiritualidad no es un fin en sí mismo; no tiene valor a menos que se exprese en la compasión, en la regla de oro: nunca trates a los demás como no quieres que traten.”

Karen Armstrong, escritora especializada en religiones comparadas, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2017

Este texto forma parte de una entrevista publicada por El País (08/04/2020)

Foto © Ulf Andersen / Getty Images

Es el momento de saber qué queremos en la vida

A propósito de la pandemia del Covid-19, del confinamiento y de la crisis que ha desatado, dice el Dr. Antonio Bulbena, director del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Hospital del Mar de Barcelona, que “esta especie de año nuevo que esta primavera nos ha traído supone un cambio completo de paradigma de nuestras vidas. Aprenderemos a pasar con menos y nos identificaremos más con lo natural y con nosotros mismos. Los objetos bajarán de valor y cotizarán al alza la persona y sus valores.”

“Debemos aceptar que la incertidumbre es inherente a nuestra condición humana. Comuniquémonos con calidad y no con cantidad; reflexionando sobre nuestros hábitos, automatismos, dimensiones que obviamos, sensaciones que añoramos y deseos que aplazamos. Descubramos la riqueza humana de las personas: gestos, miradas, actitudes de los que tenemos cerca.”

“Tendremos que renunciar a muchas cosas; pero también va a ser una oportunidad. A nosotros esta crisis nos otorga la oportunidad de cambiar el tener por el ser. Habrá escasez y villanía, pero después vendrá un periodo de reconstrucción en el que ya sabremos que somos naturaleza y que un virus no distingue entre clases sociales, países, ni razas.”

“Tendremos la oportunidad de revalorizar la relación directa con los demás, con el entorno y con uno mismo. Debemos aprovechar este tiempo para estar con nosotros mismos y aclararnos qué queremos de la vida. Hemos de declarar la paz a esta guerra, dándole la mano y mirándola profundamente de frente.”


Este texto forma parte de una entrevista publicada por La Contra de La Vanguardia (23/03/2020)

A los buscadores espirituales

Pablo d’Ors

Por no perder a nuestro grupo de referencia estamos dispuestos, normalmente, a traicionarnos a nosotros mismos. Nadie quiere nadar contracorriente; resulta incómodo, fatigoso y difícilmente se llega lejos. Los otros siempre nos dejan solos en cuanto ven que no queremos ser como ellos. Pronto nos califican de bichos raros, de casos excepcionales —dignos de estudio—, de casos perdidos incluso, ¡con lo mucho que prometíamos! No es uno de los nuestros, se dicen entre sí. Has cambiado, nos aseguran. Y están en lo cierto: desde que estás en las cosas del espíritu, tu mundo es otro.

No es cuestión de que te hayas apartado, sino de que tu interés por Dios (el silencio, la espiritualidad, llámalo como desees) te ha hecho entrar en otra esfera: tienes otros intereses, lees otros libros, vas con otras gentes, pasas tu tiempo libre de otra forma. Tu corazón, en pocas palabras, está en otro sitio. No hay buscador espiritual de verdad que no haya pasado por todo esto: el extrañamiento de lo propio, la pérdida de la vieja patria.

Ten por seguro que tus padres y amigos no te dejarán marchar fácilmente. Te dirán que has enloquecido e intentarán retenerte con toda clase de señuelos. Te llevarán al psicólogo, siempre hay quien conoce a uno que es muy bueno. Alguien que ha visto casos semejantes, casi idénticos. Te asegurarán que desde todas partes se puede hacer el bien, eso nunca falla. Que no hace falta ser tan radical, eso tampoco suele fallar. Que se trata de un fenómeno pasajero…

No juzgues todo lo que te digan en este sentido y mucho menos les juzgues a ellos. No son malos porque hablen o actúen así. Es sólo que no soportan que hayas cambiado. Tu opción les pone en crisis. ¿Por qué ir por un sendero inexplorado —te preguntan— habiendo tantas autopistas cómodas y seguras?


Cuando empiezas a caminar en pos de tu propia voz, seguramente tendrás fuerza para hacer frente a todas estas dificultades. Con el paso del tiempo, sin embargo, diluido un poco tu entusiasmo inicial, también tú te preguntarás al cabo, ya al borde de la traición: ¿No será esa voz, después de todo, una mera ilusión? ¿No tendría que fiarme de mi gente, que tanto me quiere? ¿No me habré equivocado? ¿No estaré exagerando?

Es entonces cuando mirarás hacia atrás con melancolía, a lo que fuiste, y cuando descubrirás que ya no te apasiona tanto lo que tanto te apasionó. Ese, justo ese, es el instante perfecto para empezar la aventura espiritual. No tienes ya el ardor del horizonte (como al principio), pero tampoco el consuelo de lo que dejaste. Todo está al fin lejos: tu pasado y tu futuro. Estás por fin en el presente, puedes vivir de la fe. No eres ya el hombre o la mujer que dejó la casa paterna (tu mundo anterior), pero tampoco el hombre o la mujer que tu voz te había dicho que podías ser. No eres quien eras ni quien deseabas ser, puedes empezar a ser tú.

Sólo a la intemperie hacemos la experiencia del ser. Cuando no se puede regresar ni avanzar, sencillamente eres. Pero antes de todo eso hay, naturalmente, desconcierto, llanto, protesta, agotamiento, rendición y abandono al fin… Todo lo que sucede cuando ya no sabes qué más puede suceder es lo espiritualmente interesante. Te deseo un buen viaje.


Publicado en El País Semanal (15/03/2020)

Navidad 2019



La Natividad y la Epifanía en en un códice del siglo XIII,
encargado por el abat Berthold de Weingarten,
cerca de Ravensburg (Baden-Württemberg).
Se conserva en The Morgan Library Museum.