El budismo nos proporciona una comprensión del mundo y de nosotros mismos

Entrevista al Hermano Miguel

Tras la publicación en castellano de buena parte de la obra de Thich Nhat Hanh, el calado de su mensaje de compasión y sabiduría es, a estas alturas, incuestionable. El hermano Miguel se encuentra en una intensa gira por el Norte de España. De diferentes ciudades demandan su presencia y con ella la posibilidad de nutrirse de las enseñanzas del popular Maestro vietnamita. El hermano viene de Plum Village, cerca de Burdeos, la comunidad madre de todo este movimiento. Allí comparten una vida de retiro, pero a la vez de intensa práctica un total de 130 monjes y monjas de las más diversas nacionalidades.

Somos muy cordialmente acogidos en la casa de Calahorra donde se hospeda el hermano Miguel, cuyo nombre oficial es Thay Phap Son. Desde ese hogar de anchos ventanales a la naturaleza, salta diariamente a sus múltiples compromisos. Son, por lo general, encuentros con los pequeños grupos que, a partir de esas enseñanzas, están surgiendo en muchas localidades.

El Hermano Miguel habla un perfecto español en el que apenas se percibe su origen anglosajón. Si bien nació en Inglaterra, de muy joven se trasladó con sus progenitores a Ibiza a vivir. Su padre es suizo y su madre irlandesa-canadiense, lo cual le proporcionó además una cultura cosmopolita. Desde joven se sintió muy atraído por la vida natural. Hizo un retiro vipassana de varios días y aquello transformó enteramente su vida. También contribuyó a ese cambio, según nos comparte, el haber crecido en un ámbito poco dañado y hermoso como era la Ibiza de entonces. En el año 1992 se inició ya, de forma más comprometida, en el camino en el que ahora se halla.

Al encontrarnos a este monje joven, de cultura y de mundo, enseguida pensamos en la renuncia. En principio no parece habitual que un hijo de la Ibiza hippie de los sesenta abrace el adusto y exigente monacato zen. Sin embargo a lo largo de la entrevista, el hermano Miguel se las apañará para despejar de nosotros la idea de sacrificio al abrazar ese camino.

La serenidad que trasmite corrobora sus palabras. Estimula ver esa actitud consagrada en una persona que sin el hábito, en principio, pareciera que pudiera gozar de una vida marcada por la abundancia. Estimula ver a alguien tan implicado en un proyecto comunitario, en el empeño de su shanga (comunidad budista) para hacer mermar el dolor del mundo.

Él mismo nos prepara un té oriental y nos invita a no echarle miel. ¿Será que lleva la renuncia hasta los mismos confines del paladar? Anochece pronto tras los grandes ventanales de la casa de nuestra muy amable anfitriona, pero la tarde, aún sin miel, se abre apasionante escuchando a este hombre tan convencido de su lugar en el mundo.

Tengo entendido que Plum Village es un cruce de culturas de los más diversos países…
Hay momentos en los retiros de familia que se han juntado hasta un total de 42 nacionalidades. Entre los hermanos y hermanas la mayoría son vietnamitas, muchos de los cuales refugiados políticos. Podemos encontrar también ingleses, americanos, australianos, alemanes y por supuesto franceses. Hay un portugués y un par de italianos, pero de momento no hay ningún español.

¿Por qué las enseñanzas de Thich Nhat Hanh han arraigado con tanta fuerza en Occidente?
Por la simplicidad de su mensaje y su capacidad de tocar al ser humano profundamente. Él conoce bien la naturaleza del corazón-mente. A mí también es lo que me atrajo para acercarme a Plum Village. Detrás de ello, hay también una gran compasión. Es como si él conociera la salida al sufrimiento. De hecho nos propone salir de él de una forma sencilla. No plantea fórmulas complicadas, tampoco adhesión a una filosofía o credo en particular.

Lo que estamos buscando estaría ahí mismo y no serían precisas grandes escaladas, ni travesías de desiertos para llegar a esa verdad, a ese punto de compasión. Thich Nhat Hanh tiene la virtud de mostrar el camino de un bienestar asequible a muchas personas.

¿Occidente adolece de un sentimiento de compasión?
Occidente adolece de un sentimiento de espiritualidad real, de una salida al laberinto materialista. Las enseñanzas de Thich Nhat Hanh plantean algo concreto que podemos experimentar por nosotros mismos. En ese sentido, podríamos decir que estamos ante prácticas científicas. Es decir, hacemos tal cosa y obtenemos un resultado. Se trata también de enseñanzas frescas, bastante diferentes de las enseñanzas cristianas que se encuentran tan lastradas. Algo ha ocurrido con la tradición católica. Estamos desgastados con este género de propuestas. Por otro lado, hemos visto que el materialismo no da de sí, no nos llena. Ha habido una desilusión con la realidad material y espiritual en Europa.

¿Adherirse a este movimiento no implica la inmersión en una cultura bastante diferente?
Cuando lees un libro de Thich Nhat Hanh no te estás metiendo en una cultura diferente. Tienes un sufrimiento y escuchas a un señor que de alguna forma te proporciona claves para manejar ese sufrimiento. Ya un siguiente paso requeriría poner en práctica unas pautas y técnicas de transformación interior. Por último estamos quienes deseamos dedicarnos más plenamente a ello. Entonces ya nos hacemos monjes y aceptamos introducirnos en una cultura particular de práctica espiritual. Esta cultura tiene su lenguaje, su música, sus formas… Sin embargo nosotros no entramos por las formas, sino porque somos conscientes de que detrás de ello hay una fuente espiritual. Mantener viva esa espiritualidad conlleva un comportamiento.

¿Esas formas y pautas no requerirían una adaptación a Occidente?
Soy de los que piensa que necesitamos una mayor adaptación cultural. La espiritualidad que nos acerca Thich Nhat Hanh, no deja de ser un experimento en Occidente. Hay lugares en que esa implantación puede resultar exitosa, hay otros en los que sin embargo requerirá más adaptación. La fórmula que íntegramente resulta exitosa en Francia, no tiene porque serlo aquí. La esencia es lo que debe permanecer.

¿Las formas son por lo tanto necesarias?
Tenemos que saber qué estamos buscando. Un trabajo espiritual requiere unas ciertas reglas. Hoy nos gusta pasar de una flor a otra, de una práctica a otra. ¿Pero cuál es la calidad genuina de la transformación? ¿Cuál es la autenticidad de la práctica? ¿Hasta dónde llega ella? Demasiado fácil entramos hoy en día en una pseudo-espiritualidad. Suena muy bien, tiene su traje correcto…, pero falta una profundidad. Eso no es fácil de encontrar. Requiere un compromiso serio para alcanzar la transformación.

¿En consecuencia podemos afirmar que el avance en el camino espiritual comporta una práctica exigente?
Es necesario meterse plenamente en el ambiente y experimentar. Pasa tres meses en Plum Village y vive con intensidad la experiencia. Date esa oportunidad de sumergirte totalmente en algo. Plum Village representa un invernadero espiritual en que nuestras plantas se pueden desarrollar de una forma más efectiva.

¿De ahí le vendría el éxito a Plum Village?
La presencia de Thich Nhat Hanh, es pilar. Él permanece alrededor de seis meses allí. Hay períodos de vida comunitaria de más intenso retiro. En el retiro de invierno que dura tres meses no se mueve. Es el tiempo de las lluvias que en Oriente corresponde a los monzones. Es entonces cuando se genera de forma más intensa la energía de la shanga colectiva. En ese tiempo tenemos la oportunidad de conectar con nosotros mismos, con Thich Nhat Hanh y la comunidad de una forma más profunda.

¿Qué se siente en medio de tantos compañeros que están en el mismo empeño? ¿Aflora un sentimiento de fraternidad verdadera?
Estamos alrededor de sesenta hermanas monjas divididas a su vez en dos monasterios y sesenta hermanos monjes también en diferentes edificios. Por ejemplo cuando Thay (el maestro Thich Nhat Hanh) da las conferencias, cuando realizamos las ceremonias en la sala de la meditación…, sentimos una energía de comunión fuerte. Buda hablaba de la “comunidad de los nobles” es decir, personas que han generado unas ciertas virtudes. Cuando la gente llega allí, tratamos de que se perciba algo de eso. Tratamos que se sienta cierta liberación del sufrimiento. Al retornar los visitantes a sus casas, sienten que algo ha cambiado. Hay una aspiración espiritual que comienza a ser nutrida. Es por lo que invitamos a exponerse a ese calor espiritual. Cuando van con actitud positiva de búsqueda, los visitantes contribuyen también a generar esa energía positiva.

¿Qué es lo que genera Thich Nhat Hanh?
Thich Nhat Hanh manifiesta diferentes virtudes espirituales y por ello sentimos una atracción. Sentimos una necesidad de contactar con esa realización. Nuestra conciencia se ve nutrida. Cuando él habla es como la lluvia que permea el suelo reseco de nuestra conciencia. Una de las prácticas es simplemente permanecer allí, para ser nutrido por esa lluvia del dharma. Lo mismo ocurría en los tiempos de Budha. Hubo gente que se iluminó simplemente al oír un discurso suyo. Hay una semilla que está cerca de la superficie y al recibir esa enseñanza termina de abrirse y despuntar, es decir la comprensión se manifiesta.

Me comentabas anteriormente que te habías iniciado en otros caminos, que habías hecho Vipassana. ¿Qué es lo que te llamó especialmente de Thich Nhat Hanh?
Sí, es un proceso. Lo que más me llamó de Thay fue el constatar que él comprende el sufrimiento en sus orígenes. También me atrajo particularmente la sensación de comunidad, de hermandad. Hay un sentimiento de unidad espiritual. Esto no es fácil de encontrar. Por desgracia hoy en día nos encontramos demasiado fragmentados.

Si tuvieras que resumir en breves palabras la esencia del mensaje de Thich Nhat Hanh…
La transformación es posible. No hemos de ser pasivos. Podemos ser activos en ese cambio. A veces sentimos que no hay salida a nuestra situación. Él dice que sí la hay y además nos lo comunica con mucha belleza. La práctica espiritual no ha de ser una carga, una cruz.

Miguel, ¿has sentido en algún momento algún asomo de nostalgia con respecto a la vida que llevabas antes de asumir los compromisos actuales? ¿Por ejemplo, no te asalta la sensación, siquiera momentánea, de pérdida de libertad?
No, esas experiencias anteriores no las he vivido como de una libertad, sino más bien al contrario. La idea de esa libertad no deja de ser una ilusión. En las discotecas de Ibiza yo no tuve una sensación de libertad. En realidad yo no sabía por qué iba, por qué estaba allí. En realidad me encontraba condicionado

¿No te cuestionas los sacrificios que comporta esa vida monacal?
No, si yo me levanto a las cinco, es porque yo quiero hacerlo, no porque debo hacerlo. Hay veces que hay dificultades, pero la ventaja que tiene el practicar con otros es que nos apoyamos mutuamente. La vida monástica precisamente es para ayudarnos unos a otros en esos momentos en que la fuerza interna puede flaquear. Hay metas que deseamos conseguir, pero nosotros mismos nos sentimos impotentes. El impulso comunitario ayuda mucho. Es ese invernadero, que mencionaba antes, el que genera las condiciones adecuadas.

Vuestra práctica más importante es la plena conciencia. ¿Nos puedes comentar en qué consiste?
La capacidad de estar conscientes en todos nuestros actos. Poner luz sobre las actividades, poner luz sobre las causas de nuestro sufrimiento. La meditación ayuda a poner esa luz.

¿El ritual ayudaría también a la adquisición de la plena conciencia?
En la escuela tibetana hay más ritual. Nosotros subrayamos la necesidad de prestar atención a lo que estamos haciendo. Vamos más lentos. Tratamos de mermar la ansiedad, la avaricia en nuestros actos. Ello nos permite penetrar en la realidad de nuestra mente. Sí, todo ello conforma una cultura.

¿En la línea de lo que ya has comentado y dando por sentado que las diferentes tradiciones tienen su razón de ser, dais importancia al encuentro entre las tradiciones?
Depende. Hay quienes en el seno de la tradición sienten una especial motivación para crear esos puentes. Otros sin embargo otorgan prioridad a conocer en profundidad la tradición. De hecho ése es nuestro caso. No obstante hemos establecido contactos con monjes benedictinos en Francia, así como con gentes de otras tradiciones. Acogemos también gente diversa como católicos y budistas de otras líneas. Ellos seguramente se sentirán atraídos por aspectos concretos de la enseñanza de Thich Nhat Hanh. Es bonito observar esa unión de personas con orígenes espirituales diferentes.

¿No crees que los tiempos nos invitan a dar pasos hacia ese encuentro?
En EEUU las escuelas budistas han tenido mucha exposición de unas escuelas a las otras. Eso no ocurre en Asia. Las escuelas han progresado totalmente separadas. En EEUU hay mucha conexión. Los practicantes tiene más conciencia de comunidad global. Eso nos une, aunque tengamos diferentes colores. Allí no reparan tanto en las barreras. Al fin y al cabo estamos todos intentando hacer lo mismo.

En ese sentido EEUU es muy estimulante, inspira mucho. En la celebración de Wesak, por ejemplo, las organizaciones budistas se coordinan para hacer algo juntos. Aquí en Europa vamos más poco a poco, pero ya se hacen cosas. En París se han realizado encuentros unitarios. Es de una gran armonía. Es como estar con muchos amigos a la vez. Separados no vemos esa fuerza. Con esa foto de las familias reunidas es posible observar el gran potencial que se está generando. Eso genera a su vez más entusiasmo.

¿EEUU es una tierra especialmente fértil en ese sentido?
Es sin duda una de las tierras más fértiles.

Entiendo que para vosotros, en la vida monacal es importante la separación entre mujeres y hombres…
Es un aspecto práctico, pero de hecho, no hay tanta separación, hay mucha armonía. En los monasterios de Asia esa separación es mucho mayor. Thay nos invita a vernos como familia. Anualmente hacemos una ceremonia, que en Asia nunca se haría. A un lado se sitúan ellas y al otro nosotros. Nosotros hacemos tres postraciones ante ellas, incluso el propio Thay. Al tiempo les decimos que nosotros podríamos ser sus hermanos mayores, sus hermanos menores, sus hijos, sus padres…, y que por encima de todo las vemos como nuestras hermanas espirituales. Después nos sentamos y ellas hacen lo mismo para con nosotros. La esencia de esa ceremonia es la enseñanza de que estamos unidos en la espiritualidad. Dos veces por semana nos vemos. Indudablemente es preciso trabajar tus situaciones, pues podemos pasar dos días enteros con las hermanas. Ello te obliga a trabajar cualquier historia mental o biológica que tengas.

¿Esa renuncia puede comportar un sufrimiento?
Cada persona es una situación. No digo que sea fácil. Habitualmente hay un estímulo y de forma rápida y automática respondemos a él. La práctica te concede no obstante unas herramientas para conocerte un poco más a ti mismo. A partir de ahí sabremos lo que podemos hacer. Si podemos seguir como hermano o como hermana o habrá que cambiar. No es que hayas firmado un contrato y ya está. Si sobrevives bien y si no, no.

No es para nada una imposición exterior. Estamos ante un desafío libre y personalmente asumido. Buda nunca dijo tienes que ser así, nunca impuso nada. A través de la sabiduría damos con la sanación más profunda.

¿Al igual que el Dalai Lama, el drama que tuvo que padecer el Maestro Thay a nivel personal y a nivel de su pueblo, consideras que ha sido necesario para la expansión de todas esas valiosas enseñanzas a Occidente o sin esa proyección que posibilitó el sufrimiento, el budismo se habría extendido igualmente?
Sí, hay quien dice que el Dalai Lama y Thich Nhat Hanh son maestros porque han tenido mucho sufrimiento en sus respectivas vidas. A través de su espiritualidad habrían trascendido ese sufrimiento. Hay que tener en cuenta también que desde los años sesenta y setenta y gracias a los avances en la locomoción, hay muchos occidentales que visitaron la India, Vietnam, Thailandia…, países en los que había una práctica budista.

Indudablemente el exilio tibetano ayudó mucho a la expansión de las enseñanzas, pero ya había antecedentes de monjes occidentales en el propio Tíbet y otros países. La Sociedad Teosófica también contribuyó en este afán de hermanamiento de la espiritualidad oriental y occidental.

¿Sientes que en estos momentos de grandes crisis en el seno de la humanidad el budismo tiene algo grande que aportar al mundo?
El budismo nos proporciona una comprensión del mundo y de nosotros mismos, que yo por lo menos, en mi pasado de experiencia católica, no pude adquirir. Nos propone unos cambios que después nosotros mismos podremos experimentar.

¿Cuál era la más importante misión del Maestro Thich Nhat Hanh al encarnar en la tierra?
Él ya desde muy joven se sintió atraído por el budismo. Su gran ilusión fue siempre renovar el budismo, que éste se pudiera adaptar a la vida moderna. Cuando él era joven, el budismo era muy, muy tradicional y no respondía a las necesidades del momento. El creó un budismo más vivo. Ha comprobado también las interesantes posibilidades de transmitir la sabiduría y la compasión que personalmente alberga y el beneficio que mucha gente puede obtener de ello. Por eso ha publicado tanto.

¿Piensas que es uno de los grandes Maestros que ha pisado la tierra?
Sí, por lo menos uno de ellos, sí.


Koldo Aldai
www.artegoxo.org

Navidad 2011

La Epifanía en una vidriera de la iglesia de San Miguel
(St Michael's Church) de Linlithgow, Escocia.
(Foto: J. Oliver-Bonjoch)

Catorce años a la vera de la Madre Teresa de Calcuta

Entrevista a Gabriel Carmiña

“Mi desventaja es que yo ya sé donde está Dios.” Sentencia rotundo el bilbaíno de Neguri, haciendo honor a la inherente fama de altivez local. Sin embargo a continuación viene el no menos firme gesto solidario que le redime de su inicial orgullo: “En la medida de lo que sé, se me va a exigir. Yo sé que Dios está en los pobres.”

En realidad Gabriel Camiña había sido el arquetipo de “bon vivant” hasta que entre juerga y juerga se le cruzó una anciana que le dijo donde estaba Dios. Dejó la buena vida y se puso a limpiar los traseros de los últimos de la tierra. Así durante catorce años en el otro extremo mundo. La anciana “inoportuna” que frustró su vida disipada era la Madre Teresa de Calcuta.

Gabriel dejaba un pasado de éxito. Había triunfado con las películas de “super 8”. En los tiempos en que muy pocos se ponían detrás de una cámara, él era uno de los realizadores más cotizados en España. Hizo dinero y compró un caserío a las faldas del Anboto que trasformó en próspero restaurante por donde desfilaron los grandes del momento. Se podía haber ahogado en una prosperidad de la que le salvó a tiempo la anciana cargada de arrugas que tuvo la osadía de susurrarle el paradero de Dios.

El de Neguri se puso así a buscar a Dios en cada leproso y moribundo que le encomendaron a lo largo de catorce años. Algo de ese Dios debió haber encontrado, por lo menos algo de su gozo, pues cuenta con entusiasmo todas sus correrías en Calcuta a las órdenes de la santa a la que adora.

Su presencia de ahora todavía delata algo del Gabriel de otrora, como si toda la mugre de Calcuta no hubiera logrado disipar su postín de antaño. Vuelca sin pudor en nuestra conversación la palabra “pecador”. Pareciera lamentarse de que el encuentro con la santa se hubiera demorado en exceso. Sin embargo nos permitimos poner en duda su previa vida ligera y “pendenciera”. Antes de instalarse en la más grande ciudad de los pobres, había empujado una buena colección de camillas en Lourdes y Fátima.

En Calcuta hacía labor de acogida y de orientación a los voluntarios españoles y de otros países que llegaban. Con la Madre se entregó totalmente. Ella le encomendaba tareas de relaciones públicas, dado su innato don de gentes.

Calcuta queda ya un poco lejos para su edad, pero ahora busca a la misma Divinidad en el rostro de los pobres a los que cada día asiste en el comedor de los franciscanos de Bilbao. De sus largos años con los últimos, de su vida marcada por el trato cercano con la Madre Teresa, tiene a bien hablarnos este comunicador innato…

¿Te ha valido el haber conocido el dolor del mundo?
Cuando he sentido algún dolor físico aquí por alguna enfermedad o achaque, no he tenido más que acordarme de todo el dolor que he visto en Calcuta durante tantos años. Con ese recuerdo se va el sufrimiento personal. Al evocar esas imágenes ya no te duele nada.

¿Qué es lo que te ha dado la Madre Teresa?
Lo que más me atrajo fue su santidad. Yo llevaba una vida mundana y ella me transformó por entero. Trabajé en las diferentes casas de las Misioneras de la Caridad. Asistíamos a las 7 de la mañana en la Casa Madre a la misa. Después desayunábamos y nos dirigíamos a nuestros respectivos destinos.

¿Qué representaba el pobre para la Madre Teresa?
El pobre representa el propio Cristo. Gracias a ella, jamás he vuelto a ver a un pobre como un ser inferior a mí. Tampoco a un mandatario como a un superior. Ella me ha mostrado la satisfacción de tocar la mano de Cristo cuando doy una limosna a los niños.

¿Conviene dar limosnas directamente a los niños?
Una propina sin más es una ofensa. Si les haces un juego y te dejas ganar, ellos se ven a sí mismos como conquistadores de ese premio. Todo eso lo aprendí con la Madre…

¿Más aprendizajes a su vera?
Para ella los últimos eran los primeros. En el banco que tenía en el pasillo del primer piso de la Casa Madre, ella se disponía para hablar con quien quisiera.

¿Allí recibía también a los dignatarios del mundo…?
No hacía ningún tipo de distinciones. A Carlos de Inglaterra le recibió en el mismo lugar en el que nos recibía a los que solicitábamos hablar con ella. Era su banco en el pasillo-balconada del primer piso. No había allí ningún privilegio. A todos nos escuchaba con igual y absoluta dedicación. En ese momento no había para ella nada más importante que atender a quien con ella estaba.

Eso sí, ya podía departir con el más alto dignatario de cualquier país, que cuando tocaban la campana a las seis de la tarde para la adoración, ella lo dejaba todo. Cuando vino el Príncipe Carlos veíamos abajo toda la parafernalia, pero él hubo de subir sólo y sentarse en el mismo lugar que el resto. El Príncipe le besó los pies a la Madre con toda su admiración. Sin embargo, llegada la hora, la Madre no dejó de asistir a su adoración de las seis. Por allí paso también mientras yo estuve Lady Di, Los Rollins Stones, Kennedy…

¿Cuál era su tajo en Calcuta?
Estuve sobre todo en Prendam. Allí se acoge a quienes padecen sida, lepra, hambre extrema y desnutrición… Se acoge a todas las edades y condiciones. Puede haber habitualmente alrededor de 900 personas. Aunque teóricamente los enfermos no son muy graves, dada la cantidad de ellos, las defunciones son muy corrientes.

¿Además de limpiar y acompañar a los enfermos, también curaba?
No, no me sentía apto para ello. A la leprosería por ejemplo no puede ir cualquiera. Hace falta un cierto conocimiento para cortar los trozos de carne. Yo pasaba tiempo jugando con unos y con otros. Haciendo gracias. Trataba de disfrazar de humor el sentido de la compasión. La expresión desnuda de un sentimiento de compasión puede resultar contraproducente.

¿Has conocido la vida exquisita de Neguri y la vida de los más pobres del mundo?
Sí he llevado una vida acomodada, pero también he dormido hasta en los rikshaw, cuando los monzones.

¿Algunos detalles significativos en la vida o la obra de la Madre?
Cuando viajaba en un avión recogía toda la comida sobrante para después darla a los pobres. Otro detalle significativo también es que en ninguno de los hogares de la Madre Teresa hay flores, pues entienden que es prioritario el uso de la tierra para plantar hortalizas y colmar el hambre.

¿Y alguna otra anécdota?
El día de jueves santo era también costumbre que la Madre nos limpiara y nos besara los pies. Era el ritual del lavatorio. En una ocasión estaba allí una mujer gallega que había sufrido grandes quemaduras al haberse incendiado su casa. En el accidente habían muerto sus padres. Cuando la Madre Teresa le besó los pies, vino a nuestro encuentro llorando. Nos compartió que en el momento de besarle los pies la Madre, sintió más calor que cuando el mismo incendio.

Son muchas las anécdotas. No tendrías papel para todas ellas. Por ejemplo una vez Nirmala, la sucesora, me enseñó una carta del Presidente de Albania comunicándole a la Madre Teresa que por fin iba a abrir las iglesias católicas en su país. La Madre contestó con agradecimiento, pero le señaló que igualmente debía abrir las mezquitas, pagodas… Recuerdo igualmente cuando le presenté a un sacerdote de Cáceres y en el momento de que ella le bendijera, fue ella la que le agarró con todo su carácter, se arrodilló y le dijo: “Vd. me bendice a mí, no yo a Vd.” El sacerdote se quedó petrificado.

¿Alguna frase que se le quedó grabada de ella?
“En todos los hermanos hay que ver a Dios. Para amar a los pobres hay que conocer la pobreza”, decía la Madre.

Se ha puesto en cuestión su absoluta fidelidad al Papa…
Sin embargo era ella la que decía: “Acordaros de que el Papa es el representante de Cristo en la Tierra, pero no os olvidéis nunca que un pobre es el propio Cristo en la tierra…” Eso nos lo dijo una vez que estábamos viendo en un televisor un viaje del Papa. Por esa razón ella escribía siempre la palabra pobre con mayúsculas. También nos decía: “A la mañana cuando vamos a comulgar, recibimos al Señor, pero durante todo el día mientras tratamos con los pobres y enfermos, tocamos al Señor”. Para ella el hecho de tocar a un pobre, suponía la misma experiencia que tocar al propio Señor.

Hay quien habla de cierto conservadurismo religioso unido a un conservadurismo en cuanto a métodos de funcionamiento, en cuanto a formas de cura…
No, lo que ocurre es que ellas están centradas a su labor asistencial. La Madre Teresa y sus hermanas han ayudado a morir a mucha gente. Se mueren y no hay nada para remediarlo. “Aquí no sirve de nada enseñarles a pescar, es que se nos mueren en las manos”, me decía un amigo. La limitación de medios es absoluta. Cuando yo llegaba de Bilbao con las maquinillas de afeitar nuevas, todo el mundo se quería afeitar conmigo, pues allí las hojas estaban ya muy gastadas.

¿Sin embargo aún con toda esa adhesión incondicional a Roma, se respira un exquisito respeto por todas las religiones?
Por supuesto. Trabajé también durante tiempo en Kaligat, la casa de los moribundos. Kaligat era la primera casa que levantó la Madre Teresa para las personas que van a morir. Allí hay 80 hombres y 80 mujeres más o menos.

En la entrada hay un cartel en el que se indica que es preciso preguntar a cada enfermo por su nombre y su religión. Esto se hace con el objetivo de que el enfermo cuando se muera oiga su propio nombre. También se le pregunta por la religión, de forma que se le asista con arreglo a las pautas de su credo particular. De esta forma al que es musulmán se le lee el Corán; al hindú el Bhagavad Gita y se le pone agua del Ganges en los ojos, en la boca y en las orejas; al católico se le habla de Dios y de su perdón infinito… Todo ello nombrando expresamente el nombre del enfermo.

La propia Madre siempre fue muy observante de ese respeto. ¿No es así?
La Madre Teresa decía: “Hay que intentar que el hindú sea mejor hindú, que el musulmán sea mejor musulmán…, lo mismo el católico y el budista. Pero jamás hay que intentar cambiar su credo. Ellos encontrarán a Dios por su propio camino.”

Recuerdo un amigo musulmán que quería hacerse católico. Me pidió que le acompañara a donde la Madre Teresa. Allí fuimos y ella le preguntó: “¿Tus amigos qué son?”, él respondió “musulmanes”. “¿Y tus padres?”, “musulmanes” volvió a responder él. “Entonces sigue musulmán”, concluyó ella, “pero sé un buen musulmán.”

¿Ningún voluntario se echa para atrás?
Nadie se echa para atrás… He conocido a miles de voluntarios y todos se hacen. He llevado a Calcuta a gente a la que al principio le daba asco lavar a un niño pequeño el culo y después han acabado dando clases en la leprosería.

¿Eso a qué se debe?
Cuando una vez le preguntaron a la Madre Teresa: “¿qué diferencia hay entre Vds. que aguantan todas las situaciones imaginables y los asistentes sociales de diferentes partes del mundo?”, la Madre respondió: “Ellos lo hacen por algo y lo hacen muy bien, pero nosotros lo hacemos por alguien”. Por ese camino se va más lejos. Los voluntarios que llegan, al principio pueden sentir asco ante determinadas situaciones, pero en el contacto con la entrega y la espiritualidad de las hermanas lo acaban superando todo.

¿Nadie coge entonces el avión de vuelta al segundo día?
Nadie. Recuerdo a una pareja española que llegó de madrugada y que vieron con sorpresa todo el panorama de gente durmiendo en la calle. A la mañana siguiente sintieron que no podrían reunir la fuerza suficiente para quedarse a trabajar allí de voluntarios tal como tenían programado. Finalmente les convencimos para que probaran.

El día de su partida me pidieron que yo les sacara fotos a las personas con las que habían tratado. La Madre sugería no sacar fotos, pues aquello se podría transformar en un circo. Sin embargo el último día antes de la partida del voluntario sí se podían sacar fotos. Tras haber estado unos días allí, se supone que el voluntario no saca fotos indiscriminadamente, sino exclusivamente a las personas a las que ha atendido. Cuando fui a devolverles la máquina ya con las fotos, me encontré a la pareja que había querido irse nada más llegar, abrazada llorando porque se tenían que marchar.

¿Qué era lo más duro en el trabajo en Calcuta?
Lo que más duro se me hacía no era cuando íbamos a dar de comer a los pobres leprosos en la calle. Lo más duro se me hacía cuando esos propios leprosos se nos echaban a los pies para besárnoslos.

¿A ti tampoco te tentó en algún momento el correr al avión?
Una vez fui a recoger a un niño hemipléjico, paralítico, leproso…, todo a la vez. Me encargué a partir de entonces de darle de comer. Lo hacía con dificultad. En medio me hice una escapada a Nepal. Cuando volví me dijo la hermana que me apresurara a donde él, porque se estaba muriendo. Así que me acerqué al niño, le cogí en los brazos y me dijo: “I’m waiting you for die” y se me murió.

Hay quien dice que se observa una merma del espíritu fraterno y solidario en los últimos años…
Cierto. Ahora ya están cambiando algo las cosas. A veces un cierto ingrediente turístico entra en los viajes orientales de algunos jóvenes. Dan a sus periplos un toque solidario con una breve escala en los hogares de la Madre con alarde de fotos.

¿El que quiere echar una mano allí qué puede hacer?
Cada quien elige de buena mañana a qué tipo de centro quiere ir. Allí no hay nadie más importante que otros. Tampoco hay tareas muy definidas. Me acuerdo de médicos cirujanos que al segundo día ya estaban barriendo. “Yo estoy acostumbrado a contar con una enfermera a mi lado que me facilita todo el instrumental… Aquí no puedo hacer nada…”, me decía un tanto desesperado al comienzo un médico belga. Sin embargo te encontrabas con gente del lugar sin titulación alguna acostumbrada a curar con los mínimos medios.

Para ti la Madre Teresa ha sido todo en tu vida…
Dijo Nirmala, la sucesora de la Madre Teresa, en los funerales de ésta: “Dios amó tanto a los hombres que envió a su Hijo a la tierra y amó tanto a los pobres que envió a la Madre Teresa.”

La Iglesia debería estar más con los pobres. Hace falta un nuevo papado con carisma de pobreza, impregnado del espíritu genuino del evangelio. Eso iba a levantar de nuevo la Iglesia.


Koldo Aldai
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