La liturgia católica. Necesaria y urgente renovación


1. Una liturgia contaminada

Me produce un dolor inmenso escribir sobre los "guías ciegos" de nuestra Iglesia. Y más ahora que se han convertido en saco de boxeo, que han perdido autoridad social y eclesial, que son ridiculizados por propios y extraños. Pero todo eso para mi no es lo más grave, aunque me preocupe y me duela.

Hoy necesito ir a algo más interno y más esencial para nuestra Iglesia: ¿En qué Dios creemos? El indicativo real estará sin duda en nuestra oración: ¿A quién oramos?

Tengo el piadoso hábito de participar todos los días en la Eucaristía, de celebrar la santa Misa (nada de "oír", "asistir" o "escuchar"). Soy un hombre que busca sinceramente a Dios y acude a alimentarse con el Pan y la Palabra. Pero llevo mucho tiempo comprobando que me mezclan mucha "paja" y mucha "toxina".

La religión es el camino para la "unión con Dios" (religare = unir) y expresar la espiritualidad que late en el interior de todo ser humano. El medio más eficaz de "unión con Dios" es la oración. Cuando esa oración es la compuesta por la jerarquía entonces se llama "liturgia" y viene envuelta en unos ritos obligatorios. La más importante en nuestra Iglesia es la Eucaristía o Misa. Y aquí empieza el problema. Etimológicamente "liturgia" (del latín tardío liturgĭa, y éste del griego λειτουργία leitourgía) significa "servicio, ministerio". Es decir, los clérigos que construyen la "liturgia" deberían ayudarnos a orar, a unirnos con Dios. Pero, por desgracia, esa ayuda se ha quedado en dar "orden y forma" a las ceremonias de culto. Nos hemos quedado en el papel de envolver, en el formato obligatorio.

Si la situación se quedase ahí, sería soportable. Los católicos trataríamos individualmente de poner vida, de incendiar nuestro interior y nuestra comunidad, -"fuego he venido a traer a la tierra" (Lc 12,49)- para intentar vivir esa ansiada "unión con Dios", de la que se derivará después nuestro pensar y actuar. ¡Pero no! La "liturgia" se ha convertido en una carrera de obstáculos. Un maduro monje de clausura, que tiene la comunitaria obligación de rezar solemnemente el "oficio divino", me confesaba: "En muchas ocasiones tengo que cerrar la boca y no cantar un determinado salmo porque es contrario a mi fe cristiana y a mi vivencia interior. Antes me amedrentaba la mirada del Abad, pero ahora hago mis silencios con toda paz".

Algo parecido nos pasa a los fieles en la santa Misa. Primero nos hacen leer (para alimentarnos, dicen) textos del AT totalmente contrarios al Evangelio y al Abba revelado por el Señor. Un único ejemplo para no cansaros: Hace pocos días leíamos este suave texto (los hay mucho peores) del profeta Nahúm: "El Señor es Dios celoso y vengador; el Señor se venga y se arma de ira, se venga el Señor de sus adversarios y se enfurece contra sus enemigos" (Nah 1,2). ¿Es una lectura alimenticia? Porque yo me quedo bizco intentando ver al Abba que nos manda perdonar a los enemigos, poner la otra mejilla, que hace salir el sol sobre justos e injustos… ¿Los católicos somos politeístas y tenemos varios "dioses"? ¿Con cuál de ellos nos quedamos?

Nos sirven "alimentos" indigeribles e ininteligibles como los impronunciables nombres de personas, de reyes, de pueblos, de lugares, de genealogías, de dioses… ¡Y no omita decir "palabra de dios"! ¿Seguro que nuestros jóvenes (cuando logramos acercarlos a una Misa) llegarán al encuentro con Dios...? ¿Seguro que a nosotros nos inducirán a inenarrable contemplación…?

Después de la "alimenticia" parte de las lecturas, nos introducimos en la oración propiamente dicha. Y empezamos con las Preces colgándole a un "dios perchero" todas las necesidades del mundo.  Empezamos, claro, por nuestras jerarquías que, según el Evangelio, han de ser los primeros en todo. Se lo colgamos a ese "dios perchero". Ya le hemos recordado" que se ocupe de todo y cumpla con sus obligaciones! Aquí termina nuestra responsabilidad.

La liturgia parte del supuesto de un "dios intervencionista y amnésico" que necesita le recordemos que existe hambre, guerras, enfermedades, etc. Y le pide que haga las intervenciones oportunas para eliminar tanto dolor y necesidad. Pero ese "dios milagrero" no existe. Nos estamos dirigiendo a "un ídolo", tan falso como el ancestral que se alimentaba de sangre y sacrificios humanos (visión teológica todavía vigente entre el oficialismo católico al interpretar la muerte del Señor).

El Dios único y verdadero creó el mundo y nos lo entregó para que lo administrásemos nosotros: "Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla" (Gen 1,28). Nosotros somos sus manos, su corazón, su energía, su luz, su salvación. El Dios en qué creo nos ha proporcionado todos los medios materiales y espirituales. Es más, nos está creando y recreando cada instante dándonos la vida, la luz de la inteligencia, la fuerza de la voluntad y la capacidad de elegir lo que nos conviene.

Dos ejemplos reales: Estamos rezando las Preces y se inicia un incendio en la iglesia. ¿A que no sigues rezando "para que apagues este incendio, te rogamos óyenos"? ¡No! Todos salen corriendo y si tienen móvil, llaman a los bomberos. Cuando una persona de desmaya en la iglesia a que no se oye al cura pidiendo: "Restablece la consciencia de este hijo tuyo; escucha y ten piedad". ¡Tampoco! Tratarán de auxiliar al desvanecido, preguntarán si hay algún médico en la iglesia y, por último, llamarán a una ambulancia.

¿Si así actuamos con las necesidades concretas e inmediatas, por qué creemos que las lejanas y generales las ha de resolver el mismísimo Dios? ¡Somos unos tontos o unos ingenuos! ¡Somos nosotros los que tenemos que movernos para resolver nuestros problemas, los próximos y los lejanos! Lo decía claramente san Agustín: "La oración no es para mover a Dios, sino para movernos a nosotros".

¡Claro que tendremos que empezar por reconocer nuestra limitación, nuestra pequeñez, para llegar más allá de nuestras narices! ¡Claro que apoyarnos en un Dios, que nos ama y todo lo ha creado para nuestro bien, nos ayudará a encontrar las soluciones! Pero la administración del mundo nos corresponde a nosotros como seres libres y autónomos.


2. La magia del “dios cocinero”

Me había quedado en que las Preces litúrgicas de la santa Misa (oración litúrgica por excelencia) nos empujan a imaginar un "dios chef" que nos cocina bajo demanda. Es decir, un inexistente "dios intervencionista" y sordo (óyenos, óyenos, óyenos...). Sin embargo, la administración del mundo nos corresponde a nosotros como seres libres y autónomos. Nosotros sembramos, cosechamos y cocinamos. Nuestra es la responsabilidad del guiso.

Uno de los medios más eficaces para llegar a lo que individualmente no llegamos es el "voto democrático", que muchos católicos desvalorizan, confunden u omiten irresponsablemente. La garantía de progreso no está en votar apasionadamente ideologías o colores, sino en votar a personas o grupos que sepan administrar bien, crear riqueza y promover trabajo. Es decir, a personas que tengan formación, experiencia y resultados. Mira su "currículo" porque hay mucho inepto en la política.

Que no te engañen por muy embriagadores que suenen. Ni con descomunales regalos como el "caballo de Troya" que terminó en tragedia colectiva. Sé realista y analiza el pasado, descubre quiénes nos hicieron avanzar y quiénes nos hundieron. Vota a los eficientes, no a los ignorantes, charlatanes, maledicentes, calumniadores y demagogos.

¡Cuidado con los católicos ingenuos que votan "idealismos" disfrazados de cristianismo! Creen que es posible volar sin empezar por andar. Para las cosas de aquí abajo hay que ser muy realistas, caminar sobre la tierra, no sobre las nubes.

Jamás habrá una democracia capaz de emular el Evangelio por muy "idealistas" que se pongan algunos clérigos o grupúsculos de "ultras" perdedores. Analiza bien cuál es el "voto útil". En este mundo imperfecto hay que conformarse muchas veces con "el bien posible" e incluso con "el mal menor". Elegir inteligentemente a los dirigentes resolverá más necesidades que todas las "preces litúrgicas". Somos nosotros los que debemos buscar la luz y caminar hacia ella. Para eso nos han creado inteligentes. Es así como se resuelven los problemas de aquí abajo, No existe un "dios intervencionista" que mueva el mundo como un tablero de ajedrez o una pelota.

Existe un único Dios creador que nos ha confiado la administración de la vida y nos ha dado todos los medios: inteligencia, voluntad, libertad, todas las riquezas interiores y un planeta lleno de recursos. Nos ha creado "a su imagen y semejanza" y nos está ayudando desde dentro para que descubramos y elijamos el camino de la felicidad. Si imaginamos un "dios intervencionista", estamos fabricando un "dios terriblemente cruel". ¡Es evidente! Si nuestro Dios puede intervenir en el mundo, calmar el hambre, curar las enfermedades, eliminar las guerras, etc. y no lo hace, entonces se trata de un "dios cruel". Si alguien (hombre, ángel, santo o dios) puede solucionar parte o todos los problemas de este mundo y no lo hace, sin duda es "un ser cruel y sádico", indigno de llamarse humano y mucho menos "dios", "padre", "madre".

¿Pero no es Todopoderoso? ¡Sí, rotundamente! Pero Dios no puede contradecirse, ni puede fabricar "absurdos". Por ejemplo, no puede hacer que el agua sea fuego, o que un rombo sea a la vez un círculo. Por tanto, no puede crear un ser libre y al mismo tiempo intervenido. La cuenta de la "administración autónoma" de nuestros dones se nos pedirá tras la muerte, aunque las consecuencias las suframos o las disfrutemos ya en esta vida. Se describe muy claro en la "parábola de la viña arrendada" (Mt 21,33) o en la "parábola de los talentos" (Mt 25,14).

Al hacernos "a su imagen y semejanza" nos ha traspasado parte de sus dones y poderes, la capacidad de crear vida (multiplicarnos), de evolucionar, de gobernar el mundo y extraer todas sus riquezas (que se lo pregunten a agricultores, ganaderos, mineros, investigadores, etc.). Solo nuestra necedad nos ha convertido en inquilinos estúpidos que destruyen su propia casa, cedida gratuitamente (la personal y la común).

Cuando estamos hasta el cuello de porquería e irresponsabilidad (moral, social, física o mental) entonces acudimos al "dios barrendero" para que venga a limpiar lo que nosotros nos empeñamos en destrozar. Y nuestra jerarquía, nuestros "sabios y entendidos", en vez de movernos con la oración a la responsabilidad, a la lucidez, al orden y al avance de nuestro mundo, nos construyen "oraciones oficiales" para suplicar al "dios barrendero" que intervenga con urgencia.

Como me dice un joven inteligente: "Habéis convertido la Iglesia en un teatro. Con tal de que entre público, Ciertos eclesiásticos se han inventado un "dios milagrero", en vez del que te ilumina, acompaña y fortalece para mover el mazo". Cuando descubramos que Dios nos ha creado "autónomos y libres" tal vez queramos aprender a discernir, a pensar y actuar en conciencia  Y tal vez avancemos en el descubrimiento de cómo es Dios y cómo dirigirnos a Él.


3. Los falsos dioses

En la santa Misa, después de la Palabra, nos encontramos con algunas oraciones bellísimas, en las que nos ofrecemos, damos gracias, adoramos, aspiramos a los bienes espirituales. Pero poco nos durará la alegría. Pronto insistiremos en dirigirnos a un "dios sordo" (óyenos, escúchanos), a un "dios amnésico" (acuérdate) y a un "dios duro e implacable". No puedo explicarme que los "sabios y entendidos" (Mt 11,25) nos presenten un "dios limitado e inmisericorde" que necesita ser movido por nuestros santos, a los que solicitamos "intervención" ante ese "dios inaccesible y olvidadizo". Es decir, les pedimos que nos ayuden ante un "dios amnésico" que ha olvidado que nos creó y qué necesidades tenemos. Mientras que el Abba de Jesús "conoce todas nuestras necesidades" (Mt 6,32) y "tiene contados hasta los cabellos de nuestra cabeza" (Mt 10,30).

Hay "maestros necios" que no saben quién es el Abba de Jesús. Su pecado es muy grave: "¡Ay de vosotros maestros de la ley que os habéis guardado la llave del saber! Vosotros no habéis entrado y a los que estaban entrando les habéis cerrado el paso" (Lc 11,52). "Yo os digo que si vuestra justicia no supera la de los maestros de la ley y la de los fariseos, no entraréis en el reino de Dios" (Mt 5,20).

Casi todas las "oraciones oficiales", recogidas en la Liturgia, parten de la base de que hay que mover a Dios. Esas oraciones nos inducen a imaginar un "dios de piedra" que ha de ser empujado por el santo del día o por toda la corte celestial. En la Biblia se habla del "corazón de piedra" de los hombres. Nosotros lo hemos vuelto al revés y rezamos a un "dios de piedra". Hemos hecho realidad aquello de que "Dios nos creó a su imagen y semejanza y nosotros le hemos devuelto el favor" (Voltaire). Concebimos un "dios pasivo" al que tenemos que movilizar con nuestras oraciones, influencias y palancas (santos, vírgenes, promesas, cadenas, desagravios, sacrificios, peregrinajes…).

La realidad es que el Dios verdadero, el Abba de Jesús, es todo actividad, derroche, entrega, difusión, torrente. "Mi Padre siempre trabaja" (Jn 5,17).  No es un pasivo ídolo de piedra. Los escolásticos recuperaron el axioma: Bonum est diffusivum sui (el bien se difunde por sí mismo). No hay que tirar del Bien, hay que adherirse a Él. Somos nosotros los pasivos, los gandules, los perezosos, los débiles, los ciegos, los caminantes sentados, los alejados, los pobres llenos de riquezas que ni descubrimos, ni movilizamos.

La oración -y por supuesto la litúrgica- ha de expresar nuestros deseos, nuestras aspiraciones, nuestra decisión de caminar, de mejorar, de ser constantes y valientes. Es decir, la oración debe alimentar nuestra motivación para elegir el camino del bien, único que nos acercará a esa "unión con Dios" que es la razón de ser de la religión.


4. “Liturgistas más duros que los terroristas”

Se nos vacían los templos, nuestros hijos no comprenden nuestra religión (a pesar de que les impusimos estudiarla), la gente nos mira con recelo, salvo cuando demostramos solidaridad. Pero seguimos rechazando a los profetas, no queremos oír críticas, nos aferramos a las formas, a las cuadrículas, a los ritos, a las rutinas, a las "tradiciones de barro". Confundimos "fidelidad" con "clericalismo". Nuestros Pastores se pasan la vida haciendo "planes", pensando en evangelizar, ideando estrategias, "pensando"... Es lógico, son intelectuales, los mejores de la clase, los triunfadores, los llamados a mandar. No les niego buena voluntad, es seguro que la tienen. Creo que les falta lucidez interior (Espíritu), realismo y escucha. Miran y remiran su ombligo, pero NO se meten entre las ovejas. Y mucho menos salen corriendo tras de las que huyen porque pasan "hambre" en el majadal.

¿Quién pregunta y escucha a los fieles? ¿Quién se preocupa de sus quejas y llantos? ¿En qué buzón podemos depositar nuestras súplicas y sugerencias? Y ahora a los protestones, quejicas y críticos que buscan la luz del horizonte, les arrinconamos o los hundimos. ¿Nos preguntaron sobre lo que deseábamos los católicos de la oración comunitaria, de la Liturgia obligada? ¿Nos acercan los recientes y flamantes Libros Litúrgicos al verdadero rostro de Dios? ¿Nos ayudan a dirigirnos a Él sin confusión?

Me viene a la memoria la señora que ayer entró, durante la consagración, directamente a la capilla de san Judas donde no faltaba ni hucha, ni flores, ni velas. Mientras tanto el Amante invisible sigue aporreando nuestra puerta con todo su amor, consuelos y auxilios: "Estoy a la puerta y llamo…" (Ap 3,20).

Si sigo celebrando la santa Misa con los curas que me tocan en suerte, es porque deseo ardientemente rezar con mis hermanos y unirme a ellos en alabanza y acción de gracias. Y, sobre todo, expresar mi determinación de abrir y abrazar a ese "Amante de la puerta" que espera respuesta. ¡Mi respuesta! La suya la tengo garantizada desde la eternidad.

No hace mucho Justin Welby (Primado anglicano) visitó al Papa en el Vaticano. En el transcurso del encuentro bromeó: "¿Sabe la diferencia entre un liturgista y un terrorista? Pues que con el terrorista se puede negociar". Nuestro querido Francisco soltó una sonora carcajada (tal vez protocolaria). Posiblemente más tarde, a solas, se arrepintió y lloró. Es muy triste que quienes deben guiar nuestro acercamiento "oficial" a Dios sean más duros, inflexibles y terrenos que los terroristas.

El Dios verdadero, el intuido y el revelado, es como el aire que no se ve pero es imprescindible para respirar, para vivir, para alimentarnos. ¿Quién mueve nuestro corazón, quién oxigena cada célula de nuestro cuerpo? ¿Dónde guardamos la batería que alimenta las múltiples funciones de nuestra  naturaleza? Sin aire, moriríamos de inmediato. El Padre que nos creó nos abraza en todo momento y nos inhala su aliento para que nos desarrollemos y lleguemos a la maduración de todos los dones que sembró en nosotros (su propio ADN). "¿No acabáis de entender ni de comprender?¿Estáis ciegos? ¿Para qué tenéis ojos si no veis, y oídos si no oís?" (Mc 8,17)

A un Dios que siempre está a nuestro lado, que nos levanta cuando queremos volar, no hace falta pedirle gran cosa. Basta con respirarle. Inspiramos para alimentarnos de Él y expiramos para soltar todas nuestras inmundicias, nuestros malos funcionamientos, nuestros errores y atonías. Cuando nos dirigimos a Él, lo primero es reconocer su entrega "gratuita", su disponibilidad, su transfusión de vida concreta, la nuestra. Ahora hacemos justo lo contrario, pretendemos "arrancarle" lo que nos está dando a manos llenas. Si tenemos sensación de asfixia (podemos pasar por dolores, carencias, fracasos, desesperanzas, oscuridades…) hay que acelerar la respiración, buscar el aire puro (sin contaminación del ambiente), aprender a respirar más hondo.

Nuestra oración debería ser expresión de nuestros íntimos deseos, de nuestras aspiraciones, incluso de nuestras quejas y llantos. Eso nos ayuda a apoyar nuestra fragilidad, a estimular la fuerza interior, a ser conscientes de nuestras potencialidades, a utilizarlas y crecer (movernos). La oración es al espíritu lo que la gimnasia al cuerpo: el medio de fortalecerse y desarrollarse. Pedirle al aire (siempre acariciándonos) que nos dé, nos dé, nos dé… es bastante absurdo. Me imagino a ese Padre amante diciéndonos lo que yo suelo repetir a mis hijos: "Te lo he dado todo y te lo seguiré dando. Pero no puedo vivir tu vida por ti. Eres autónomo y libre, construye tu vida con buenas decisiones".

Cuando ores, observa si estás pretendiendo que Dios se mueva, porque entonces estás imaginando un "dios pequeñito y falso". Para orar has de situarte en "lo mejor de ti" y concientizarlo, sentirlo, desear realizarlo y expandirlo. Intenta expresar lo que sientes en la profundidad de tu ser: Quiero, deseo, anhelo, me adhiero, busco, decido, estoy determinado, etc. En suma, tú te mueves consciente y libremente hacia Dios, intentas asociarte a sus deseos (que no son otros que tu feliz madurez) y no a la inversa. ¡Claro que es válido y consolador apoyar nuestra fragilidad, tristeza, soledad, pobreza, miedo, pecado y llanto en el regazo de Dios! A mí me resulta muy pacificadora esta jaculatoria: "Me abandono en Ti, confío en Ti, descanso en Ti". O la bíblica: "En Ti somos, nos movemos y existimos" (He 17,27). Y me dejo arrullar…

¿Los que nos dirigen harán "oración personal" de verdad o se conforman con la rutina litúrgica? ¿Por qué no ven lo que a mí -incauta ovejilla balante- me llega como un chorro de luz, como una evidencia? ¿De qué predican o enseñan, de conceptos y abstracciones, de sus tesis doctorales, o de la "vida interior" que descubren en la búsqueda y contemplación del Abba de Jesús?

Quisiera terminar con broche de oro esta larga meditación. Es de justicia expresar mi admiración, agradecimiento e inacabable afecto a los misioneros, sacerdotes, teólogos, catequistas, monjes y monjas que ayudan al Pueblo de Dios a descubrir el "verdadero rostro" de nuestro Padre. Muchos no pueden expresarse públicamente con la claridad que yo lo hago porque se juegan el pan nuestro de cada día. A ellos dedico mi libertad, mi claridad y mi denuncia. Sé que ellos sienten lo mismo. ¡Ojalá les sirva de consuelo y esperanza! Porque el problema que aquí denuncio no es de todos los eclesiásticos de a pie, sino de la Institución y quienes la han dirigido desde distintas cúspides. Solo el gemido incansable del Pueblo, empujado por el Espíritu, la hará despertar..

A mí y a tantos nos queda el consuelo de la Luz que nos guía y de la plegaria del Señor: "Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla" (Mt 11,25). "Señor, Dios nuestro, que nos amas a cada uno con amor de enamorado, queremos sentirte y amarte como tú nos amas. Queremos caminar en la Luz que nos trajo tu Hijo Jesucristo y desarrollar todas nuestras capacidades para nuestro bien y el de todos nuestros hermanos".
Amén.

Jairo del Agua
https://jairoagua.blogspot.com/

2 comentarios:

teofilo dijo...

Soy afecto a los retiros espirituales en Monasterios o Abadías.
La posibilidad de compartir la vida cotidiana con los Monjes es un bálsamo reconfortante para cualquier espíritu sensible a las cosas del cielo.
Abandonar la ciudad para caminar por los claustros es una sana y saludable tentacion para los Amantes de Dios.
Levantarse a las 3 de la mañana para orar antes que amanezca es un privilegio que esta a un click de distancia.
El Mail al Hno Hospedero posibilita en los últimos tiempos, la concreción del Retiro sin ninguna dilación.
Verlos entrar, todavia en penumbras de dos en dos para ubicarse casi simétricamente enfrentados a cada lado del coro, me evoca una coreografía angélica.
Todos, a los pies del Santisimo para adorar sl Padre del Amor.....
Y me preparo para participar del Banquete de la Palabra.
En este instante de arrobamiento místico ... tan buscado y necesitado comienza el desconcierto ...el desencanto y el rechazo....
En los labios puros de hombres consagrados escucho las palabras que creo haber abandonado en la ciudad....
“Y el Señor vengará su iniquidad...” Y destrozará las tripas del enemigo sin piedad....” y “y será maldita su descendencia....”
Es terrible !!!!
Con tanta violencia reavivada.... con tanto odio decretado....con tanta espada y sangre derramada...., me pregunto:
Cuanto de Divino tienen estos Oficios que se repiten sistemáticamente casi cada dos horas en la jornada monástica ???
La salmodias de estos tiempos deberian re-escribirse con la inspiración de nuevos Profetas....
Con los errores cometidos durante casi dos mil años, nuestda Santa Madre Romana, debería rever su Liturgia y reemplazar el viejo estigma del Pecado Original por la alegria de recuperar la virginal pureza
de la Inocencia Original.
Hará falta que un nuevo Francisco se lo vuelva a proponer al que ya está en el Vaticano ????
Que Dios lo ilumine y proteja de toda la ocuridad que lo rodea.

Ruben Landolfi
Argentina-16/7/19

alejandro191111 dijo...

Hemos de ser muy prudentes con nuestros celos reformistas.. es cierto que hay textos del AT dificiles de interpretar pero no debemos por ello rechazarlos como contrarios a la fe. A la luz del NT podemos interpretar a esos enemigos sobre los que Dios tomara venganza como las huestes de satanas y nuestras propias inclinaciones perversas pues comoñ dijo San Pablo "no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes." En mi opinion esta es la correcta manera de interpretar los textos del AT asi como las guerras en ellas descritas. Debemos expulsar a los enemigos de Israel de nuestro corazón y destronar al anticristo a fin de que Jesucristo ocupe su santo trono, reine en su trono en la tierra de nuestro corazon y reinemos con El sobre el todo.

Tambien es cierto que debemos evitar convertir las formas liturgicas en un idolo que nos impida acceder vivencialmente a las verdades espirituales en ellas simbolizadas.. pero hemos de ser muy cautos porque corremos el riesgo de secularizar en exceso las formas liturgicas... Yo la liturgia de la misa la dejaría como está ... en mi opinion es la Biblia la que debe marcar las directrices en este tipo de decisiones y la misa actual se aviene a sus enseñanzas.. desde luego mucho mas que su postura de desacreditar textos del AT de dificil interpretacion.. El salirse de esa norma y dejar de utilizar la Biblia como varemo supone abrir la puerta a inunerables peligros para la Iglesia.

Ahora bien, si que considero que la iglesia atraviesa una epoca oscura.. si bien no son las formas liturgicas lo que me preocupa, si que veo que la oglesia se esta secularizando y que se pone demasiado el enfasis en lo social y en lo moral y se deja de lado el nucleo esencial del mensaje cristiano: lo espiritual. Es frustrante que los sacerdotes se limiten a hablar de que hay que ser buenos y caritativos ... Lo que occidente necesita desesperadamente es recuperar la dimension espiritual en la vida y herramientas para relacionarse con el mas alla de la muerte . El nucleo principal del discurso de la iglesia deberia ser la relacion del alma con Dios.. tenemos autenticos tesoros de espiritualidad que nos han legado nuestros Santos.. el mundo occidental esta hundido en el nihilismo y necesita una relacion con Cristo.. aboguemos por fomentar la dimension espiritual y mistica del cristianismo y no su secularizacion y nuestros jovenes no se veran obligados a uir a oriente buscando lo espiritual en religiones agenas o a ahogar el sinsentido de sus existencias y su angustia vital en el alcohol o las drogas.