Espiritualidad: puntos de vista (1)

Javier (12-11-17)

Creo que la espiritualidad es una clase de energía (una fuerza emergente, un ascenso evolutivo, un grado de sutileza para captar nuestra fuente). La energía que nos conecta con nuestra naturaleza más profunda y esencial. La espiritualidad refleja la relación existente entre el individuo y el cosmos. Parece que conlleva una apertura al Misterio, a energías y realidades que ignoramos, a todo aquello que desconocemos. Creo que la espiritualidad es una forma de “saber que no sabemos”.

Espiritualidad es la vida misma; cambiar de mirada, mirar “más adentro”. Puede ir acompañada de sencillez, humildad, desapego, veracidad, aceptación, amor, entrega, compasión, acogida, servicio a los demás, reconocimiento del misterio, gusto por el silencio, la belleza, la verdad, la bondad, la justicia,..

La espiritualidad implica “una conciencia de especie” que nos lleva a compartir, a buscar lo sencillo y lo auténtico, a no darse importancia, a ponerse en el lugar del otro, a atender al desvalido (“a la viuda, al huérfano, al pobre, al enfermo, al extranjero, al perdedor,…”).

La espiritualidad en una persona suele producir una “finura” que prima lo verdadero y lo solidario por encima del interés o el beneficio propio. Triunfa en esa persona un espíritu de servicio a los demás, y una adhesión a la verdad y al amor por encima de intereses personales o materiales, o aun a veces, a costa de ellos.

Así como un cohete espacial necesita una fuerza propulsora antigravitatoria que le llevaría a vencer la fuerza de gravedad que lo atrae todavía a la Tierra, la espiritualidad podría actuar como esa “fuerza antigravitatoria” que hiciera a ciertos seres humanos salir de la excesiva densidad que nos ata todavía a estadios pre-humanos, anclados quizás en la animalidad y la falta de perspectivas, en impulsos primitivos que impiden nuestro desarrollo.

En un extremo más denso, si se quiere “menos evolucionado”, estaría lo que Antonio Escohotado ha señalado como “el burgués medio hoy”, que él dice que “sería todo aquél convencido de que la verdadera objetividad es el dinero”; la persona indiferente, la persona centrada tan solo en sí misma, en su apariencia y su pequeño entorno inmediato.

Todo esto nos llevaría a darnos cuenta de qué es “todo aquello en cuya eficacia el hombre confía”, de tal forma que existen personas para las que ELLO ES una fuerza espiritual, una VIDA que lo habita todo y que le da realidad, y por tanto le confiere solidez y eficacia”. Pero esto no es más que una de las maneras posibles de plasmar todo aquello a lo que nos estamos refiriendo, y que –para nada- es condición necesaria para situar a una persona en la realidad que se ha descrito en los tres primeros párrafos de este escrito. Esto sería tan solo una de las formas de racionalizar lo descrito anteriormente.

La actitud de “caminar hacia ser quien se es” nos acercaría a una vida espiritual; la actitud de reconocimiento ante el misterio y todo aquello que ignoramos o desconocemos, también. “De la conciencia de mis limitaciones brota –dice Gandhi- la poca fuerza de que dispongo. Todo lo que se me ha dado poder hacer en la vida se debe principalmente al hecho de que, a través de mis limitaciones, he descubierto la acción de una fuerza distinta a la mía”.

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