Eres un manantial de vida

Miriam Subirana

«Nos falta conectar con el centro de nuestro ser, que es un manantial de vida. Todos somos un burbujeo de vida, pero con tanta capas de miedo, de autorrepresión y culpabilidad, vivimos anestesiando. Nos falta atrevernos, confiar y dejar brotar ese manantial de vida.»

«La mayoría no puede detener su mente, es un continuo pum pum pum que suelen tapar con distracciones que les alejan más de si mismo. Tememos ir hacia dentro porque es un desnudarte a lo que tu realmente eres, pero que en el fondo es belleza, es ese manantial de vida.

Todos los caminos espirituales comparten la meditación y el silencio y el servir al otro, es ahí donde se pule el ego y dejas de mirarte al ombligo.

Volver a nacer cada día de la misma manera que nuestras células se renuevan a diario. 

Estás oscuro, pero no eres oscuro; sigue habiendo una rendija por la cual puedes llegar a tu centro de luz, y si no puedes hacerlo solo pide ayuda, pero no te quedes ahí.»


Extracto de una entrevista realizada por Ima Sanchís y publicada por La Vanguardia (19/02/2021)

El triunfo de la filosofía del espíritu

Pablo d’Ors

«La meditación pide un acercamiento no mental, sino sapiencial. El intelectual quiere penetrar en la realidad para comprenderla; el sabio, en cambio, es quien permite que la realidad entre en él. La práctica meditativa subraya precisamente esa receptividad. 

Nuestro problema fundamental es que estamos demasiado llenos, es por eso que la vida no puede entrar. Esta es la razón por la que ese ejercicio de vaciamiento y desnudez que es la meditación resulta tan directo y fecundo para el conocimiento de uno mismo. 

La espiritualidad es para mí ese cultivo del cuerpo y de la mente, por medio de la atención, que da frutos de paz interior y de compasión. Cultivo, culto, cultura: se trata de una tarea que tú realizas, respondiendo a tu sed o anhelo interior. Y ¿qué es lo que cultivas? Lo que eres. ¿Y qué somos? Cuerpo y mente. Una espiritualidad que no pase por el cuerpo se convierte en idealismo, en mera utopía. La corporeidad es para mí la vía de la interioridad. 

Silencio es el nombre secular de Dios. Pero también podemos hablar de vacío y de plenitud, como las dos caras de la misma moneda. En la medida en que nos vaciamos, recibimos. Esos son los horizontes de la espiritualidad y en todo eso no puedes ser experto, como mucho un simple discípulo.

En la experiencia mística hay, en todas las tradiciones de sabiduría, una afinidad enorme. Esto revela para mí algo fundamental: que el silencio es una esperanza para la humanidad. El silencio fomenta lo que nos une, no lo que nos diferencia. El problema de la palabra es que, en el mejor de los casos, puede generar afinidad, intelectual o sentimental. El silencio, en cambio, genera algo más profundo: la comunión. Y es que, por encima de lo que cada cual piense o crea, lo cierto es que estamos unidos, que compartimos el ser.

Hemos llegado a un punto en el que es insoportable tanto materialismo, tanta visión nihilista… Por fortuna siempre hay minorías, pero minorías significativas, que se abren a realidades diferentes. El cristianismo no puede presentarse en Occidente hoy como la visión hegemónica, más bien debe sumarse a la configuración de una nueva espiritualidad. Lo que nos ha traído este virus es una conciencia planetaria. Porque nunca en la historia de la humanidad hemos tenido que afrontar todos una amenaza tan brutal conjuntamente. Y en esta conciencia de que todos estamos conectados y somos en esencia uno consiste la experiencia mística. Aunque sea por solidaridad en la oscuridad.

Al igual que la inteligencia puede degenerar en intelectualismo, el rito en ritualismo, el sentimiento en sentimentalismo, pues la religión puede degenerar en fanatismo o fundamentalismo. Pero se trata de una degeneración, y que no solo es posible, sino que es un hecho.»


Extracto de una entrevista realizada por José Andrés Rojo a Pablo d’Ors y a Juan Arnau, publicada por El País (06/02/2021)

Fotografía: Juan Millás | El País.

Sobre el control de la atención

James Williams

«Tenemos una cantidad determinada de tiempo aquí en la Tierra. Queremos escribir una historia de nosotros y para eso la atención es algo esencial. Si tenemos control de nuestra atención podemos escribir la historia del modo en que queremos. Ahora nuestro control sobre la atención está dramáticamente socavado... cuanto más las tecnologías intentan capturar y dirigir nuestra atención, menos capacidad tenemos para ese espacio y pensar quiénes somos, qué queremos hacer.»

Extracto de una entrevista realizada por Jordi Pérez Colomé y publicada por El País (01/02/2021)

Imagen: Antoine Geiger. Sur-Fake (2015).

Necesitamos la imagen de un futuro al que queramos ir

Richard Louv 

«Para mucha gente, tal vez para la mayoría, pensar en el futuro evoca imágenes de Blade runner o Mad Max, una distopía postapocalíptica despojada de la naturaleza, y los seres humanos de su humanidad. Esta es una fijación peligrosa. Necesitamos la imagen de un futuro al que queramos ir para poder dirigirnos hacia él. 


Necesitamos un amor feroz, un profundo apego emocional a la naturaleza que nos rodea y una esperanza imaginativa para describir un futuro digno de ser creado... Los niños que pasan más tiempo en la naturaleza y con animales no humanos desarrollan un sentido de la empatía más agudo que les acompaña toda la vida. Como especie, por lo general las cosas nos van mejor cuando estamos en parentesco con especies que no son la nuestra. 

¿Por qué no pensamos en las ciudades como motores de la biodiversidad y la salud humana? Concibo un tiempo, no muy lejano, en el que la conexión con la naturaleza será un acontecimiento diario. Diseñaremos las ciudades para trabajar en armonía con la naturaleza y la biodiversidad será un patrón habitual. Los desafíos medioambientales van a requerir cambios fundamentales en nuestras vidas e instituciones. Necesitamos líderes con un pensamiento avanzado. 

Nuestras vidas estarán tan inmersas a diario en la naturaleza como lo están en la tecnología, y esto incluye un nuevo tipo de ciudad que incorpore la naturaleza en cada uno de sus edificios y bloques, que sirve para restituir a los residentes psicológica, física e incluso espiritualmente. 

Creo que se está implantando una nueva consciencia y que, conforme se expresa, la relación del hombre con la naturaleza se transformará de persona que explota a persona que nutre.»


Extracto de una entrevista realizada por Ima Sanchís y publicada por La Vanguardia (02/06/2020)

Ha llegado el momento de abrazar la totalidad del legado espiritual de la humanidad

Xavier Melloni 

Esa fe, ¿se ha tambaleado en algún momento en este mundo en llamas del que habla? 

«Este mundo en llamas a mí me inflama aún más. El reto es mayor, porque hay llamas destructoras y llamas transformadoras. Que sean una cosa u otra depende de la forma en que lo miremos. Al coronavirus podemos verlo como una fuerza destructora, aniquiladora, que paraliza el sistema, o lo contrario, como una prueba iniciática. 

Llega en el momento adecuado para que hagamos un cambio cualitativo de conciencia y tiene algo inédito: es planetaria. No habíamos tenido nunca una experiencia de este tipo. Ni siquiera la II Guerra Mundial llegó a serlo. Y como toda prueba iniciática, es una travesía que nos lleva al límite. Pero no hemos de ver el virus como un enemigo, sino como un adversario portador de un mensaje severo que hemos de saber interpretar: “Parad y reflexionad hacia dónde queréis ir. Todavía estáis a tiempo. Vais en un tren a toda velocidad, estáis a punto de tomar una curva y, si no frenáis, saltaréis por los aires”. 

El riesgo ecológico es el más visible, pero la advertencia se refiere también a nuestra actividad frenética, a un modo de vida que nos exige producir cada vez más y nos hace adictos al consumo... 


Por eso el virus no nos deja. Solo se irá cuando hayamos aprendido. Y si se va este, vendrá otro. Vivimos un tiempo difícil, pero extraordinario. Cada vez somos más conscientes de que nuestra propia autoconciencia afecta a la realidad en la que vivimos. Y eso nos permite ser cocreadores de la realidad. Pero para ello necesitamos autoconocimiento. El coronavirus nos confronta con asuntos pendientes que pensábamos que deberían resolver nuestros hijos y ahora vemos que hemos de resolver nosotros. Lo hermoso es que podemos hacerlo de una forma más solidaria a nivel planetario que en otros momentos... 

Porque estamos más conectados. Y porque por primera vez compartimos una conciencia planetaria. Estamos en la misma tempestad, aunque no vayamos en el mismo barco, pues unos van en transatlántico y otros en cayuco. La crisis de 2008 fue provocada por la insolencia y el egoísmo de cuatro depredadores, lo que difícilmente suscita solidaridad. Ahora, esta indefensión colectiva produce ternura y solidaridad. Toda crisis es un acelerador de procesos. La cuestión es si seremos capaces de vivir trabajando y consumiendo menos y de forma más igualitaria. En condiciones normales, difícilmente elegiríamos renunciar. Pero esta crisis puede suscitar nuevas formas de solidaridad que nos lleven a vivir con mayor austeridad, a saber disfrutar con menos cantidad y más calidad. 

Estamos en un tiempo posreligioso y postsecular. Las religiones institucionales, si siguen funcionando bajo el registro de la obediencia, acabarán siendo residuales. Pero tampoco el secularismo tiene recorrido si vive bajo un narcisismo sin autocuestionamiento. Entre ambos colapsos surge la idea de que formamos parte de una totalidad. En la postsecularidad se admite que pueda haber una relación con la trascendencia. Se trata de descubrir esa dimensión espiritual, interior, constitutiva de la persona y de la realidad. A eso solo podemos llegar escuchando. Necesitamos el silencio como práctica espiritual. En la sociedad futura, los arquitectos diseñarán las casas con un espacio para la meditación.»  

Cuando preconiza un diálogo entre religiones no se refiere a un diálogo entre las iglesias, ¿verdad? 

«Me refiero al diálogo entre las diferentes experiencias de lo sagrado. El encuentro entre religiones es la oportunidad de complementarnos. Ha llegado el momento de abrazar la totalidad del legado espiritual de la humanidad.» 


Extracto de una entrevista a Xavier Melloni, realizada por Milagros Pérez Oliva y publicada en El País.

Navidad 2020

“No tengáis miedo, porque os traigo una buena noticia
 que será motivo de gran alegría para todos.”
Lucas 2,10

Para mí, el máximo aprendizaje claro es la apertura del corazón y la humildad

Ramiro Calle

«Estos gurús de masas son y forman parte de lo peor del supermercado espiritual. En concreto quiere decir el que quita la oscuridad de la mente. Pero por el contrario, estos gurús, aprovechando la minoría de edad emocional de muchísimas personas, abusan de ellas, les explotan, les exigen obediencia ciega. Son un mal ejemplo. Distorsionan las enseñanzas para rentabilizarlas y mercantilizarlas.» 

«Uno puede ir a una enseñanza espiritual, iniciática o yóguica, no para crear más dependencias y más lazos dependientes afectivos, si no precisamente para quebrarlos y obtener más desapego. Por eso un trabajo muy importante en la enseñanza oriental es quebrar la imagen y la autoimagen. La imagen es aquello que proyectamos sobre los demás y la autoimagen es aquello que proyectamos sobre nosotros mismos, y para avanzar, ya que la imagen y la autoimagen son máscaras del ego, para avanzar es imprescindible quebrar esa imagen y autoimagen. Implica romper las dependencias emocionales, salir de tu propia cárcel.» 

¿Por qué se vive? «Es un desatino, un despropósito que ninguna de las teorías evolucionistas resuelven. La pregunta no es porqué sino para qué. Es la pieza clave, el gran interrogante. Se puede vivir este desatino con consciencia, con lucidez, con compasión o de una manera totalmente mecánica, limitada. Yo creo que la mayor tragedia del ser humano es la mecanicidad, vivir en una consciencia crepuscular semiatrofiada, lo que llamaba Buda la consciencia empañada. Yo no creo lo que dice mucha gente de la nueva era, que venimos aquí para aprender, yo eso no lo creo. Yo lo que creo que ya que estamos aquí en este viaje misterioso y a veces pavoroso que es la vida, ya que estamos aquí vamos a tratar de aprender algo.» 

«Para mí, el máximo aprendizaje claro es la apertura del corazón y la humildad. Es lo que yo he empezado a vivir de verdad después de este estado de muerte [Hace casi diez años, en un hospital de Madrid, le daban apenas cuatro horas de vida por una infección cerebral]. No hay aprendizaje de vida. En la escuela no suelen enseñar. Todavía prevalece el modelo de acumulación de datos.»

¿Se trata mal a los jóvenes? «Se trata mal a los profesores. Por duro que sea en realidad hemos convertido esta sociedad en un estercolero.»

«Toda persona con lucidez ve lo que hay, ve más allá de las apariencias, las bagatelas, los oropeles que nos presenta esta sociedad. Y esta visión profunda o penetrativa indudablemente nos remueve.»

«Hay personas que encontramos o hemos encontrado herramientas para poder instrumentalizar todo eso hacia el autoconocimiento, el desarrollo, la autorrealización, hay personas que al carecer de estas herramientas y verse en este estado emocional tan agónico, lo que quieren es salir de él. Unos salen a través de las drogas, otros a través de la ludopatía, otros a través del engaño continuado de elevar el coeficiente de actividad hasta lo más paranoide, pero son modos de resolver neuróticamente la vida agónica que muchos jóvenes y también muchos ancianos viven.»

«Sería mejor buscar la armonía, entendiéndola como el arte o ciencia de conciliar los opuestos. Si tú estás en el peso de un reloj de péndulo, tú vas y vienes con el peso del péndulo. Pero si tú asciendes por la varilla y te sitúas en el extremo superior de la varilla tú ves como va el péndulo a uno y otro lado pero tú te mantienes en lo que llamaba Buda el camino del medio.» 

«Si te crees iluminado ve a visitar a la familia, porque es que es muy fácil ser un buda sin tratar con nadie. El convivir es un ejercicio muy interesante si aprovechas incluso los roces y fricciones y las contrariedades como material de autoobservación, para observarte. Cuantas más reacciones negativas tengas mejor porque más te ayuda a conocerte, a verte tu lado neurótico, tus agujeros psíquicos, tus torturadores internos para tratar de ir poco a poco superándolos.»

«Buda dijo, mente clara corazón tierno. Y no enredar tanto, no tantas palabras. Desde los tiempos de Buda apenas se ha evolucionado. Hemos avanzado en la técnica, en la sanidad, pero absolutamente nada en lo que es nuestra vida psicológica y espiritual. Mientras el ser humano no cambie de raíz, qué podemos esperar de él. En cientos de años sigue habiendo atrocidades, desigualdades, sembramos el planeta de horrores y errores.»

«Como vivimos en una conciencia planetaria nihilista, mientras no salgamos a la conquista de una conciencia planetaria constructiva cooperante y amorosa no hay nada que hacer. Cuantas religiones ha habido, cuantos grandes maestros, cuantos iniciados. Todo está dicho pero nada está hecho. Al final comulgo con lo que decían los sabios más antiguos de Oriente, la mente es la precursora de todos los estados, y todos los estados nacen de la mente. Si no cambiamos la mente, aquí no hay nada que hacer, seguirá habiendo buenas personas, malas personas pero no hay un cambio real. Lo he visto incluso en monasterios cristianos y en monasterios budistas, en Oriente y en Occidente, se pelean, les puede el ego.»  


Extracto de una entrevista a Ramiro Calle, unos de los pioneros del yoga en España, realizada por Jordi Jarque y publicada en La Vanguardia.

Imagen: ilustración del Bustan (Orchard) de Sa'di. © The Metropolitan Museum of Art. 

Construir el silencio


Una de las frases que más se citan de Kierkegaard es la siguiente: «El estado actual del mundo y de la vida en general es uno de enfermedad. Si yo fuera un doctor y me pidieran mi opinión, les diría “Creen silencio.”» El remedio hace casi 200 años era crear silencio, para poder escuchar lo esencial y entrar en relación con lo infinito. Hoy parece aún más urgente crear silencio, pues no sólo hay más ruido en todas partes debido al crecimiento industrial y al mandamiento económico de siempre estar produciendo más, sino también hay menos disposición a esa relación con el espíritu o con lo infinito. Doble ruido: el tecnológico y el ideológico; no sólo las constantes irrupciones de las máquinas, sino también el ruido de lo insignificante, el barullo de lo intrascendente y distractivo, del constante entretenimiento y la banalidad, lo que Kierkegaard llamaba snakke.

Este texto forma parte de un artículo de Alejandro Martínez Gallardo publicado por Cultura Inquieta.

Wittgenstein, la palabra y el abismo

Juan Arnau Navarro | Babelia

La vida tiene momentos decisivos, esos que ninguna enfermedad puede borrar. Todos sabemos cuáles son los nuestros. En el caso de Wittgenstein, hubo al menos dos. El primero se produce en Viena, poco antes de viajar a Cambridge. Asiste a una obra de teatro. Uno de los personajes, que vive al margen de lo establecido, hereje y filósofo de aldea, cuenta de dónde extrae su calma interior. Tras una enfermedad en la que estuvo solo y abandonado, escuchó una voz interior que le decía: “Formas parte del todo y el todo forma parte de ti. No puede ocurrirte nada”. Estas palabras fueron para Wittgenstein como una revelación. Le produjeron la impresión de que había en él algo independiente de las circunstancias, algo indestructible, fuera del tiempo. Ese algo no era una deducción lógica o intelectual, sino una convicción no lingüística, fundamental, que le llevaría a buscar una y otra vez los límites del lenguaje.

Este texto forma parte de un artículo de Juan Arnau Navarro publicado por Babelia.

Meditaciones sobre cómo vivir el tiempo que nos queda

Emma Rodríguez | Lecturas Sumergidas

En su vejez Theodor Kallifatides (Grecia, 1938) atraviesa una crisis personal que se acopla a la crisis del mundo, a un cambio de época que afecta a la cultura, a los usos y costumbres, a los valores, y cuyas consecuencias aún son imprevisibles. En Otra vida por vivir asistimos a un proceso de búsqueda y de transformación del autor. La edad no es un obstáculo para asumir el crecimiento, la evolución, el aprendizaje constante de la existencia. Cargar con años y experiencias a la espalda, lo que sí añade es intensidad y sabiduría. De ahí que este libro resulte altamente enriquecedor en estos tiempos de inmediatez. De ahí que nos aporte tanto.


Este texto forma parte de un artículo de Emma Rodríguez publicado por Lecturas Sumergidas.

La mejor creación de la inteligencia es la compasión

Joaquín Araújo, geógrafo y fundador de bosques

“La mejor creación de la inteligencia es la compasión, y yo creo que pocas realidades vivas tienen tanta compasión del conjunto de la vida como el bosque. El bosque es quien más hace por la continuidad de la vida en este planeta. Y es la vacuna contra la próxima catástrofe de la humanidad: el cambio climático.

Sin árboles no hay vida posible. Sus suspiros son nuestro aliento. Es inabarcable su capacidad de convivir y dar cobijo a toda suerte de organismos, pensemos que en un árbol de la selva amazónica puede haber más de 1.000 especies distintas. Hay comunicación y auxilio entre los árboles de un bosque. La simbiosis de las micorrizas es esencial en la vida.

El árbol en lugar de competir convive. Sí, y en vez de excluirse se asisten mutuamente y gracias a eso hay vida. Resulta curioso que todos esos seres vivos silenciados saben vivir, pero la inteligencia humana no sabe hacerlo.


Vivimos contra la vida, porque el modelo energético, educativo, el que quiera, es antivitalista. Utilizamos nuestra inteligencia para distanciarnos de la vida. Es un parricidio. Respiramos 380 millones de veces en una vida de 80 años, por tanto tendrás que ser capaz de amar a eso que te permite estar vivo, algo en lo que no se hace hincapié en el sistema educativo.

El humano lleva dentro nostalgia de ese hogar inicial. Pero hemos dejado de ser bosque para ser hacha y llama, desierto y aserradero.

Hay que naturalizarlo todo. Si creemos que hay una salud para el humano y otra para el resto de lo viviente es que no se ha entendido nada. Solo hay una salud, y su fuente son todos los sistemas, procesos, ciclos, prestaciones, dádivas y regalos que nos hace la naturaleza. El bosque es el sistema inmunitario del planeta Tierra, comprender eso nos salvaría de futuras epidemias.

Necesitamos un planteamiento vivaz, es decir: sin limitar, ni erosionar, ni envenenar, ni destruir la vida.”


Este texto forma parte de una entrevista publicada por La Contra de La Vanguardia (10/06/2020)