Independencia “interdependiente”


“El planteamiento actual se carga la pluralidad, base de toda sociedad en libertad. Queremos priorizar el diálogo y las alianzas con objetivos comunes, antes que caminos unilaterales. Creemos más en cohesionar y avanzar, que en dividir y confrontar.”
Albert Peris  


Si ponemos en línea horizontal la pluralidad humana, desde el extremo izquierdo hasta el extremo derecho en una “línea socio-humana”, nos encontramos con dos extremos y un centro. Si desde el centro observamos con visión abierta la pluralidad en la globalidad, encontramos claramente dos alternativas, una hacia la izquierda y otro hacia la derecha. Andando desde el punto inicial central hasta los extremos, podemos encontrar el extremismo de derecha o el de la izquierda. Por otro lado, este punto central lo podemos proyectar hacia el fondo y cuanto más al fondo vamos más radicales seremos, porque estaremos más cerca de las raíces humanas y sociales; un punto privilegiado para contemplar la globalidad y para encontrar soluciones, promoviendo concordia en la diversidad a través del diálogo, el acuerdo y el pacto.

La raíz del centro humano y social está al fondo, donde toda la diversidad confluye como punto de partida y coincidencia del ser humano. En este punto de partida del ser común a todos los ciudadanos nos encontramos con el fondo radical. Los centristas quieren ser radicales, pero no radicalistas. Radical viene de la palabra radix. En la política práctica quieren estar en la raíz de la vida para poder contemplar el gran espectro de la sociología humana en un mismo origen, pero, al mismo tiempo, no quieren que recorten su historia, sus valores, sus creencias, es decir su realidad global. Desde el fondo contemplan la complejidad de la red humana, pero ven y reconocen que los seres humanos son naturalmente interdependientes.


En nombre de un bien común equivocado no podemos dejar que nuestra historia ni nuestra lengua no sea reconocida en su plenitud, ni tampoco podemos olvidar a las personas y a los personajes que han configurado nuestro pasado hasta el día de hoy. La independencia humana y social nos permite ser nosotros mismos y aportar lo mejor y lo más nuevo que traemos dentro.

Muchos jóvenes, al encontrar pareja estable, quieren crear su propia independencia. Si no lo hacen, conviene ayudarlos para que lleguen a ser ellos mismos ante la vida, y que a partir de una sana independencia puedan abrirse a nuevos caminos. Se trataría de una independencia dependiente, no de una independencia egoísta que huye de los otros, sino simultáneamente de una independencia enriquecedora para mí y para los demás.

Se trata de una dialéctica sostenible entre la persona y la comunidad. Este es el recto personalismo. No es bueno ahogar la comunidad poniendo las personas en primer lugar, pero queremos, como decía Mounier, evitar que la comunidad ahogue la realidad y los intereses de las personas.

Si tenemos una visión global podemos pensar en un “tercer ojo”. No tenemos bastante con dos ojos, uno para mirar a la derecha y otro para mirar a la izquierda, queremos abrir el tercer ojo, el ojo del medio, el ojo de la mente que nos trae la síntesis de la diversidad. La independencia interdependiente tiene mucho en cuenta el aspecto “inter”. La independencia egoísta no es solidaria, solo piensa en ella misma, ser más que el otro, alejarse y enriquecerse. Es negligente en el esfuerzo hacia los otros. Inteligentemente unidos podremos vivir la interdependencia vivificadora a la que aspiramos.

Septiembre 2017


Fotografía: © Jean-Pierre Hallet

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